El pescado que llega del río Beni a las mesas de Rurrenabaque y La Paz carga más que alimento. Según declaraciones del investigador Darío Achá Cordero difundidas el 1 de noviembre por eju.tv, el mercurio acumulado en especies amazónicas está afectando el desarrollo neuronal de los niños que aún no nacen, y con ello la capacidad intelectual y motora de toda una generación.
Achá, docente e investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), advirtió que las mujeres embarazadas con niveles de entre 1 y 2 partes por millón de mercurio en el organismo ya exponen a sus bebés a efectos nocivos. El riesgo crece con concentraciones superiores a 10 partes por millón, que pueden provocar consecuencias clínicamente perceptibles en el embrión, sobre todo en sus capacidades cognitivas.
El mercurio está en los peces, no en el agua
Una de las aclaraciones más importantes del investigador, hecha a Brújula Digital, es que medir el mercurio en el agua sirve de poco para saber el grado real de contaminación. El metal que preocupa viaja por otra vía: la cadena trófica, y se concentra en la carne de los peces que comemos.
'Importa para saber las cadenas tróficas, para la investigación que hacemos, pero para saber el grado de contaminación no es muy relevante. Los relevantes son los peces', explicó Achá.
La razón es química y contundente. En el agua, cerca del 98% del mercurio es inorgánico y no logra permanecer en el organismo humano; no puede cruzar las membranas del cuerpo. En cambio, en los peces, entre el 80% y el 98% del metal se presenta como metilmercurio, una forma que sí atraviesa esas barreras y llega al sistema nervioso.
'Es virtualmente imposible contaminarse con agua con mercurio porque está generalmente en concentraciones minúsculas. O sea, uno tendría que poder ver el mercurio en el agua para intoxicarse', dijo el investigador.
Blanquillo, surubí, pantalón y corvina superan los límites
La advertencia de Achá no es abstracta. Respalda una investigación desarrollada en la Amazonía boliviana que analizó el valor nutricional y la presencia de mercurio en diez especies de peces del río Beni, compradas en el mercado local de Rurrenabaque y procedentes de la pesca artesanal.
Los resultados, reportados por eju.tv, muestran una geografía del riesgo con nombres propios. El blanquillo concentra la mayor cantidad de mercurio entre las especies estudiadas, con 1,9 ± 1,0 partes por millón. Le siguen el surubí, el pantalón y la corvina, con valores intermedios que igualmente sobrepasan el límite de 0,5 partes por millón fijado por la norma europea. El paiche, el pacú, el tambaquí y la yatorana mostraron niveles bajos.
El estudio contó con la colaboración de la Wildlife Conservation Society (WCS-Bolivia) y el financiamiento del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. En el equipo participaron Mauricio Peñarrieta, del Instituto de Investigaciones Químicas, y Darío Achá, del Instituto de Ecología, ambos de la UMSA.
Rurrenabaque: despensa amazónica bajo amenaza silenciosa
Rurrenabaque, en la cuenca del río Beni, es una zona de gran biodiversidad que provee pescado amazónico a varias regiones del país, entre ellas La Paz. Para las comunidades ribereñas y los pueblos indígenas de la Amazonía boliviana, ese pescado no es un lujo: es la base de la alimentación cotidiana, herencia de una relación milenaria con el río.
El estudio confirma la paradoja que viven los pueblos amazónicos: los peces siguen siendo una fuente importante de nutrientes, pero ahora llegan acompañados de un veneno que no se ve, no se huele y no se saborea. El daño no cae de golpe; se instala despacio, generación tras generación, en el cerebro de los niños.
'Hay una relación entre cuánto mercurio te expones durante el embarazo y cuánto va a ser el IQ de tu hijo. Entonces estamos afectando la capacidad intelectual y motora de nuestra futura generación', dijo Achá.
¿De dónde viene el mercurio?
El mercurio no aparece solo en los ríos. Este metal pesado está ligado históricamente a la minería del oro, que lo usa para amalgamar el metal precioso y luego lo descarga en las aguas y los sedimentos. En la Amazonía boliviana, la expansión de la minería aurífera, en buena parte informal y sin control estatal efectivo, ha convertido ríos enteros en corredores de contaminación que terminan en los peces y, de ahí, en los cuerpos de la gente.
Se trata del mismo modelo extractivo que la Madre Tierra lleva siglos padeciendo: se extrae la riqueza, se exporta la ganancia y se deja el veneno en el territorio de quienes menos responsabilidad tienen en este negocio. Quienes pagan el precio no son las empresas mineras ni los comercializadores del oro; son las familias pescadoras de Rurrenabaque, las comunidades tacanas y lecas del Beni, las embarazadas que comen surubí sin saber qué carga dentro.
La investigación de la UMSA pone sobre la mesa una deuda pendiente del Estado boliviano: monitoreo sistemático del mercurio en peces de consumo masivo, control real de la minería aurífera, e información pública en las lenguas y lugares donde el riesgo se vive. El Convenio de Minamata, que Bolivia ha suscrito, compromete a los Estados a reducir y eliminar el uso de mercurio, pero los ríos del norte amazónico siguen contando otra historia.
Preguntas frecuentes
¿Qué especies del río Beni tienen más mercurio?
El blanquillo presentó la concentración más alta, con 1,9 ± 1,0 partes por millón. El surubí, el pantalón y la corvina superaron también el límite de 0,5 partes por millón de la norma europea.
¿Beber agua contaminada con mercurio es peligroso?
Según el investigador Darío Achá, es prácticamente imposible intoxicarse por esa vía, porque el mercurio en el agua está en concentraciones minúsculas y en su forma inorgánica no se absorbe en el organismo.
¿Por qué el mercurio de los peces sí es peligroso?
En los peces, entre el 80% y el 98% del mercurio es metilmercurio, una forma que atraviesa las membranas del cuerpo y puede dañar el desarrollo neuronal de los bebés durante el embarazo.
¿Dónde se realizó el estudio?
En Rurrenabaque, en la cuenca del río Beni, con muestras de pesca artesanal compradas en el mercado local, con apoyo de la WCS-Bolivia y financiamiento del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.
