Feminicidio de Valentina Alarcón: cuando la violencia machista cobra otra vida en nuestros territorios
Una vez más, el patriarcado cobra la vida de una mujer en nuestros territorios. Valentina Alarcón, de 26 años, fue asesinada y violada por Robinson González, conocido como "el Colombia", en un crimen que refleja la violencia estructural que enfrentan las mujeres, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad.
La búsqueda que reveló un feminicidio
El 25 de octubre, la familia de Valentina reportó su desaparición tras salir de su casa en Puente Alto. La tecnología del GPS de su celular llevó a los investigadores hasta el domicilio donde encontraron su cuerpo: semidesnuda, bajo un colchón, con la cabeza envuelta en una bolsa plástica.
Según la investigación, Valentina había llegado al domicilio del agresor para comprar drogas, una transacción que ya había realizado anteriormente. Allí, González aprovechó un momento de soledad para atacarla sexualmente, siendo presenciado por un testigo que posteriormente colaboró con la justicia.
Un sistema que criminaliza la pobreza
La fiscal Pamela Bustamante señaló que "el caso se tiene que analizar con perspectiva de género porque efectivamente él abusó de la vulnerabilidad de una joven de 26 años, que lamentablemente era drogadicta, pero no tenía por qué matarla, menos violarla".
Esta declaración evidencia cómo el sistema capitalista empuja a nuestras hermanas hacia situaciones de vulnerabilidad extrema. La adicción no es un crimen, es una consecuencia de la exclusión social que genera este modelo económico extractivo.
Justicia patriarcal en acción
González fue formalizado por robo con homicidio y feminicidio con violación, delitos que arriesgan presidio perpetuo. Sin embargo, sabemos que la justicia burguesa pocas veces repara el daño real causado a nuestras comunidades.
El cuerpo de Valentina permaneció dos semanas en el lugar del crimen, evidenciando no solo la crueldad del agresor, sino también las limitaciones de un sistema de seguridad que no protege a las más vulnerables.
Reflexión desde la cosmovisión andina
En la sabiduría ancestral de nuestros pueblos, la vida de cada mujer es sagrada, es parte del equilibrio cósmico del Sumak Kawsay. La violencia contra las mujeres rompe esta armonía y daña el tejido social de nuestras comunidades.
Valentina no debería haber muerto. Su vida tenía valor más allá de las circunstancias que la llevaron a esa situación. Es responsabilidad de todos construir una sociedad donde ninguna mujer tenga que enfrentar sola la violencia machista.
Mientras el capitalismo siga excluyendo y marginando a nuestras hermanas, seguiremos lamentando muertes como la de Valentina. La verdadera justicia llegará cuando transformemos las estructuras que generan esta violencia.