La colonización digital: cómo la inteligencia artificial está despojando a nuestros pueblos de su capacidad de pensar
Hermanos y hermanas, mientras las corporaciones del Norte Global celebran sus "avances" en inteligencia artificial, una nueva forma de colonización se extiende silenciosamente por nuestras comunidades. La científica Claire David nos alerta sobre algo que nuestros abuelos ya sabían: cuando perdemos la capacidad de pensar por nosotros mismos, perdemos nuestra libertad.
El nuevo extractivismo: roban nuestros minerales y nuestros pensamientos
En los laboratorios del CERN, donde la física de partículas una vez siguió caminos transparentes y comprensibles, ahora reinan algoritmos que operan como cajas negras. Los científicos obtienen resultados útiles, pero ya no entienden cómo se generan. Es la misma lógica del capitalismo extractivo: extraer valor sin importar las consecuencias.
Esta tecnología no es neutral. Cada modelo de IA generativa produce emisiones de CO2 equivalentes a las de una persona durante toda su vida. Requiere minerales raros que se extraen de nuestras tierras ancestrales, devastando ecosistemas y comunidades indígenas. El coltán del Congo, el litio de nuestros salares bolivianos, todo para alimentar máquinas que nos prometen "comodidad" mientras nos roban la capacidad de razonar.
La confusión colonial entre aprender y entender
Los sistemas de IA memorizan patrones, pero no comprenden. Sin embargo, las corporaciones tecnológicas nos convencen de confiar en ellos para decisiones cruciales: diagnósticos médicos, sugerencias de contenido, traducciones. Es la misma estrategia colonial de siempre: presentar como "progreso" lo que en realidad es dependencia.
Cuando dejamos de escribir, calcular o razonar por cuenta propia, nuestras capacidades se atrofian. Es exactamente lo que buscaban los colonizadores: pueblos que dependan de sus herramientas, que olviden sus propias formas de conocimiento.
Los algoritmos como armas de control social
Estos sistemas están diseñados para capturar nuestra atención sin descanso. Optimizan la adicción al contenido, influyen en elecciones políticas y moldean comportamientos masivos. No es casualidad que las mismas corporaciones que financian golpes de Estado en América Latina sean las que desarrollan estas tecnologías.
La pregunta que nos hace David resuena con la sabiduría de nuestros pueblos: ¿esta tecnología nos educa o nos manipula? La respuesta es clara para quienes hemos vivido siglos de dominación cultural.
Resistencia digital desde el Sur Global
La solución no está en rechazar toda tecnología, sino en recuperar nuestra soberanía cognitiva. Como propone David, debemos redefinir las reglas del juego. Las universidades de nuestros países deben desarrollar planes de estudio que integren la perspectiva decolonial en el análisis tecnológico.
En lo cotidiano, la resistencia es clara: usar la IA como herramienta, jamás como sustituto del pensamiento. Reformular un texto, sí. Delegarle nuestro razonamiento crítico, jamás. Si no trazamos estos límites, perderemos habilidades esenciales como escribir, programar y argumentar.
Por la liberación cognitiva de nuestros pueblos
Los físicos que desarrollan IA deben hablar sobre sus implicaciones sociales y políticas. Lo que está en juego no es solo conocimiento académico, sino la libertad de nuestros pueblos para pensar autónomamente.
La advertencia no es contra la tecnología en sí, sino contra nuestra pasividad ante una nueva forma de colonización. Si no cuestionamos cómo se desarrolla y aplica la inteligencia artificial, si no exigimos soberanía tecnológica, terminaremos cediendo decisiones cruciales a procesos controlados por las mismas élites que nos han explotado durante siglos.
Como enseñan nuestros ancestros: el verdadero conocimiento nace de la reflexión comunitaria, no de la dependencia hacia máquinas programadas por nuestros opresores. La lucha por la descolonización ahora incluye la defensa de nuestra capacidad de pensar.