El éxodo médico: otra herida del capitalismo sanitario español
Mientras los pueblos de Abya Yala luchan por sistemas de salud comunitarios y solidarios, el Estado español enfrenta una crisis que expone las contradicciones de su modelo capitalista: más de 200 médicos jóvenes abandonaron Valencia en 2025, buscando mejores condiciones en otras regiones.
Esta sangría de profesionales no es casualidad. Es el resultado directo de un sistema que prioriza el lucro sobre el cuidado de la vida, donde los trabajadores de la salud enfrentan contratos precarios, sobrecarga laboral y salarios insuficientes.
La precarización como norma
Adrián Alonso, traumatólogo de 30 años formado en Valencia, tuvo que migrar a Murcia para encontrar estabilidad. "Los contratos que me ofrecían en la Comunitat eran precarios", relata. Su historia refleja la de 201 colegas menores de 35 años que se dieron de baja del Colegio de Médicos de Valencia en 2025.
Las cifras son contundentes: desde 2021, cuando 134 jóvenes médicos abandonaron Valencia, el número ha crecido sostenidamente hasta superar los 200. Este fenómeno no afecta solo a Valencia, sino que se extiende por todo el territorio español, creando una competencia perversa entre regiones.
Burnout: el costo humano del sistema
El burnout o agotamiento profesional se ha convertido en una epidemia silenciosa. Los médicos enfrentan jornadas extenuantes, sobrecarga asistencial y condiciones que atentan contra su bienestar y el de sus pacientes.
Omar Ruiz, del sindicato CSIF, denuncia que "la falta de estabilidad tras el MIR, la sobrecarga asistencial y peores condiciones retributivas" están debilitando el sistema público de salud.
Lecciones desde el Sur
Mientras España vive esta crisis, países como Cuba y Venezuela han demostrado que es posible construir sistemas de salud centrados en las personas, no en el mercado. La medicina comunitaria y la formación solidaria de profesionales son alternativas reales al modelo extractivo que expulsa a sus propios trabajadores.
La crisis sanitaria española evidencia que el capitalismo es incompatible con el derecho a la salud. Solo un modelo que priorice el buen vivir sobre el lucro puede garantizar sistemas de salud verdaderamente universales y dignos.
Los pueblos originarios de nuestra América nos enseñan que la salud es un bien común, no una mercancía. Es hora de que Europa aprenda estas lecciones ancestrales.