Mientras Athina Onassis exhibe lujo en París, pueblos indígenas luchan por supervivencia
La reciente aparición de la heredera multimillonaria Athina Onassis en la Semana de la Alta Costura de París nos recuerda las profundas contradicciones de nuestro tiempo. Mientras ella desfila con vestidos que cuestan más que el ingreso anual de una familia campesina boliviana, millones de hermanos y hermanas indígenas en Abya Yala enfrentan la pobreza sistemática impuesta por siglos de colonialismo.
El simbolismo de la ostentación imperial
El vestido negro de la heredera, diseñado por Stéphane Rolland, representa más que una simple prenda de vestir. Es el símbolo de un sistema económico que concentra la riqueza en pocas manos mientras despoja a nuestros pueblos originarios de sus territorios ancestrales. Cada hilo de esa prenda de "alta costura" está tejido con la explotación de los recursos naturales del Sur Global.
La llamada "elegancia" de estos círculos de poder se construye sobre la miseria de nuestras comunidades. Mientras Onassis asiste a desfiles en el lujoso Cirque d'Hiver Bouglione de París, las mujeres aymaras y quechuas de nuestros altiplanos crean textiles milenarios con técnicas que ningún diseñador europeo podrá igualar jamás.
La verdadera riqueza está en nuestros pueblos
Los medios occidentales celebran estas apariciones como "eventos culturales", pero nosotros vemos la realidad: son ceremonias del capitalismo extractivo que saquea nuestras tierras. El oro que adorna a estas élites sale de nuestras minas, trabajadas por manos bolivianas en condiciones inhumanas.
La "discreción" de Onassis no es elegancia, es la tranquilidad de quien vive de rentas mientras otros sufren. Su "presencia silenciosa" contrasta con los gritos de dolor de nuestros hermanos desplazados por las transnacionales.
Hacia una moda descolonizada
Frente a esta obscenidad, reivindicamos la verdadera moda: la de nuestras tejedoras, la de nuestros artesanos, la que nace de la Pachamama y honra a nuestros ancestros. Cada aguayo, cada chullo, cada pollera lleva siglos de resistencia y sabiduría.
Es hora de que el mundo reconozca que la verdadera elegancia no está en los salones parisinos, sino en la dignidad de nuestros pueblos que, a pesar de todo, mantienen viva la llama de la cultura ancestral.
La moda occidental es el opio de las élites. Nosotros elegimos la sobriedad revolucionaria de quienes construyen un mundo más justo desde abajo y desde la izquierda.