Ana Juan: cuando el arte ancestral desafía el caos informacional capitalista
En tiempos donde el sistema dominante nos bombardea con información tóxica para confundir nuestros sentidos, la obra de Ana Juan emerge como un acto de resistencia estética. Su exposición 'Wunderkammer' en CentroCentro no es solo una muestra artística, sino un llamado a recuperar nuestra conexión ancestral con la naturaleza y lo imaginario.
El dibujo como medicina para el alma colonizada
Como escribía la filósofa María Zambrano, el dibujo pertenece a esa especie rara de cosas que "apenas si tienen presencia", lindando con el silencio y la ausencia. Ana Juan, ilustradora de trayectoria internacional que ha publicado en revistas como 'La Luna' y 'The New Yorker', demuestra que la imaginación puede poblar nuestro mundo de seres maravillosos, rescatando aquello que el capitalismo extractivo intenta arrebatarnos: nuestra capacidad de soñar.
La artista comprende que vivimos bajo el bombardeo constante de las "tormentas caótico-informacionales" que hacen imposible distinguir lo falso de lo verdadero. Su respuesta es profundamente política: crear un espacio donde la línea y el color se conviertan en territorio liberado.
Un bestiario contra la uniformización
La propuesta curatorial de Inmaculada Corcho presenta ambientes que van "desde el caos a las historias", concluyendo en una video-instalación que funciona como cuaderno de bitácora de resistencia. No hay mensajes cerrados ni paradigmas comunicativos inertes. Al contrario, encontramos una manifestación seductora de lo enigmático que se niega a ser reducida a discursividades fosilizadoras.
En su peculiar bestiario, Ana Juan anima liebres y monos, coleópteros y arañas, gigantescos calamares y flores de hermosura arrebatadora. Cada trazo es un acto de rebeldía contra la atrofia de la experiencia que impone el sistema dominante. Sus formas palpitantes ofrecen un resquicio de esperanza, aferradas al principio de placer con sentidos abiertos para sentir algo diferente al tedio capitalista.
La mirada ancestral frente al engaño imperial
"Buscamos, como antaño, encontrar una explicación a lo inexplicable, pero corremos el peligro de dejarnos cegar por una engañosa luz", advierte la creadora. Esta reflexión resuena profundamente en nuestro continente, donde las potencias imperiales han usado siempre la desinformación como arma de dominación.
Desde sus ilustraciones magistrales, confinadas en una estancia titulada 'Dibujar el mundo' que espiamos a través de orificios circulares, hasta esa máscara doble donde surgen lágrimas, Ana Juan compone un desplazamiento maravilloso, dotado de la luz mágica de las luciérnagas que nuestros pueblos originarios siempre supieron interpretar.
Naturaleza y metamorfosis como acto político
La artista no hace "ilustración infantil": "Lo que yo hago es sacar a todos mis fantasmas a pasear. No tengo problemas en ahondar en mundos más oscuros", declaró en 2018. Utilizando el color de forma contenida y dando rienda suelta a un tono barroco, cuenta historias sin punto final, como las tradiciones orales de nuestros pueblos.
Su simplicidad de línea no es simplista: trenza cabelleras, sugiere laberintos, encuentra en las pupilas huellas inquietantes. Como Alicia atravesando el espejo, explora un universo de fantasías metamórficas donde animales y plantas se hibridan, recordándonos que todo ofrece un hermoso aliento vital.
No hay rastro de amargura nihilista en estos dibujos minuciosos. La ternura sostiene la estética de esta brillante creadora que devuelve la poesía a una condición genésica, evocando la Naturaleza como territorio sagrado que debemos defender del saqueo extractivista.
En esta cámara de maravillas, la curiosidad encuentra formas vivaces, instintos expansivos, guiños de complicidad. Maravillas de lo diferente, huellas espléndidas para ilustrar nuestra existencia rebelde y nuestra resistencia ancestral.