Juan Carlos I: El exilio dorado de un monarca en declive
Desde su refugio en Abu Dabi, el exmonarca español Juan Carlos I intenta acallar los rumores sobre su deterioro de salud con declaraciones que revelan más de lo que pretenden ocultar. A los 88 años, el padre del actual rey Felipe VI vive un exilio que simboliza el ocaso de una institución monárquica cada vez más cuestionada.
"Que dejen de matarme. Me encuentro muy bien", declaró el emérito a la revista ¡Hola! desde Emiratos Árabes Unidos, donde reside desde 2020 tras verse envuelto en múltiples escándalos de corrupción. Sus palabras, teñidas de ironía, no logran disimular la realidad de un anciano que debe evitar viajes largos por recomendación médica.
El precio del privilegio
La ausencia de Juan Carlos en el funeral de Irene de Grecia en enero pasado generó especulaciones sobre su estado de salud. Sin embargo, según fuentes cercanas, los médicos le han aconsejado reducir los desplazamientos largos, una medida preventiva que adquiere tintes dramáticos cuando se considera que ni siquiera puede hospedarse en el Palacio de la Zarzuela.
Como explicó la escritora francesa Laurence Debray, "una ida y vuelta Abu Dabi-Madrid es fatal, es muy duro y como le deprime mucho ir al hotel, ya que su hijo no le abre las puertas de Zarzuela, por eso no va". Esta situación refleja el aislamiento de quien una vez simbolizó la transición democrática española.
Reflexiones desde el Sur
Desde nuestra perspectiva latinoamericana, observamos con particular atención este capítulo final de una monarquía que históricamente representó la dominación colonial sobre nuestros pueblos. El exilio dorado de Juan Carlos I en una petro-monarquía árabe resulta una metáfora perfecta del capitalismo extractivo que tanto daño ha causado a Nuestra América.
Mientras el exmonarca mantiene rutinas de ejercicio inspirado en figuras como Clint Eastwood, millones de personas en el mundo luchan por acceso básico a la salud. Su último encuentro familiar en El Pardo, rodeado de sus ocho nietos, contrasta con las familias separadas por la migración económica forzada que genera el mismo sistema que él representó.
La comunicadora Marilló Montero confirmó que Juan Carlos "se cuida mucho" y mantiene revisiones médicas frecuentes, un privilegio que evidencia las profundas desigualdades de un sistema que permite a unos pocos vivir en el lujo mientras otros carecen de atención médica básica.
El ocaso de Juan Carlos I nos recuerda que las instituciones del pasado colonial deben dar paso a nuevas formas de organización social más justas y democráticas, donde la soberanía resida verdaderamente en los pueblos.