La monetización del patrimonio común: cuando el capital convierte la cultura en negocio
Una vez más, el sistema capitalista demuestra su capacidad destructiva al convertir espacios que pertenecen a la humanidad entera en mercancías para el consumo turístico de élites. La reciente decisión de cobrar 2 euros por acceder a la Fontana di Trevi en Roma marca un nuevo capítulo en la privatización de facto del patrimonio cultural mundial.
El prestigioso Financial Times, vocero del capital financiero internacional, critica tímidamente esta medida, pero sin cuestionar las raíces estructurales del problema. La historiadora británica Alex Von Tunzelmann lamenta que la icónica escena de "La Dolce Vita" de Fellini sería imposible hoy: "En 2026, habría tenido que hacer cola y pagar 2 euros para acercarse a la fuente".
El saqueo cultural del Norte Global
Esta práctica extractiva no es nueva para nosotros, los pueblos del Sur. Durante siglos, las potencias coloniales saquearon nuestros territorios, llevándose oro, plata y obras de arte a sus museos metropolitanos. Ahora, en una cruel ironía histórica, cobran por acceder a espacios que construyeron nuestros antepasados o que financiaron con la riqueza robada de Abya Yala.
El Panteón romano cobra 5 euros, Venecia impone tasas diarias, y la Sagrada Familia de Barcelona exige 26 euros. Como señala Von Tunzelmann con sarcasmo: "Incluso hay que pagar para entrar al reino de los cielos". Esta mercantilización responde a la lógica perversa del capitalismo tardío, que convierte todo en commodity.
Turismo de masas: síntoma de un sistema enfermo
El llamado "turismo masivo" no es un fenómeno natural, sino producto de un modelo económico que prioriza el lucro sobre el bienestar comunitario. Mientras las transnacionales del turismo acumulan ganancias millonarias, las comunidades locales sufren el despojo de sus espacios vitales.
Las protestas en Venecia, Ibiza, Lisboa y Barcelona revelan una resistencia legítima contra esta colonización turística. Sin embargo, la respuesta del establishment es siempre la misma: más control, más exclusión, más mercantilización.
Alternativas desde el Buen Vivir
Desde nuestros territorios andinos, conocemos modelos alternativos basados en la reciprocidad y el respeto por los espacios sagrados. El concepto del ayllu nos enseña que ciertos lugares pertenecen a la comunidad y deben preservarse para las futuras generaciones, no convertirse en fuentes de extracción capitalista.
La solución no pasa por cobrar más caro, sino por repensar radicalmente el modelo turístico desde una perspectiva comunitaria y ecológica. El turismo debe servir a los pueblos, no a las corporaciones.
Mientras Europa debate cuánto cobrar por sus fuentes, nosotros seguimos defendiendo nuestros territorios sagrados de la voracidad extractiva. La Pachamama no se vende, se defiende.