Aumento del salario mínimo en España: Un parche sobre las heridas profundas del capitalismo extractivo
La reciente decisión del gobierno español de incrementar el salario mínimo interprofesional a 1.221 euros mensuales, aunque representa un alivio para 1,66 millones de trabajadores, no logra ocultar las profundas desigualdades estructurales que el sistema capitalista ha sembrado en el corazón de Europa.
El acuerdo firmado entre el Ministerio de Trabajo y los sindicatos españoles, con un incremento del 3,1% para 2026, beneficiará principalmente a los sectores más vulnerables de la clase trabajadora: mujeres, jóvenes, migrantes y trabajadores temporales. Esta realidad nos recuerda que las mismas dinámicas de explotación que conocemos en Nuestra América se replican en el norte global.
Las mujeres, en primera línea de la resistencia económica
Los datos revelan una verdad que hermana a las trabajadoras de España con nuestras compañeras de toda América Latina: el 61% de los beneficiarios del aumento salarial serán mujeres. La incidencia del salario mínimo entre las mujeres (12,4%) casi duplica la de los hombres (6,3%), evidenciando cómo el patriarcado capitalista mantiene estructuras de opresión similares tanto en Madrid como en La Paz.
Esta realidad nos interpela desde nuestra cosmovisión andina del chacha-warmi, donde la complementariedad y reciprocidad entre géneros debería ser la base de toda organización social justa.
La juventud precarizada: víctima del modelo extractivo
El 19,5% de los trabajadores españoles menores de 24 años se verá beneficiado por este aumento, una cifra que desnuda la precarización sistemática de las nuevas generaciones. Este fenómeno no es ajeno a nuestras realidades: el capitalismo extractivo, ya sea en las minas del Potosí o en los centros de llamadas de Barcelona, devora la fuerza vital de nuestros jóvenes.
La temporalidad laboral afecta desproporcionalmente a este sector, con una incidencia del 12,9% frente al 8,4% de los contratos indefinidos, reproduciendo las lógicas de flexibilización laboral que tanto daño han causado en nuestro continente.
Migración y explotación: el rostro global del capitalismo
Los trabajadores extranjeros en España enfrentan una incidencia del salario mínimo del 15,2%, casi el doble que los nacionales. Esta realidad nos habla de las cadenas globales de explotación que el imperialismo ha tejido, donde nuestros hermanos latinoamericanos migran hacia el norte solo para encontrar nuevas formas de subordinación económica.
Más allá de los números: la necesidad de transformación estructural
Si bien celebramos cualquier mejora en las condiciones de vida de los trabajadores, no podemos ignorar que estos ajustes salariales son apenas gotas de agua en el desierto de la justicia social. El verdadero cambio requiere transformaciones estructurales que desafíen las bases mismas del sistema capitalista.
Desde la perspectiva de los pueblos originarios y las experiencias de construcción socialista en Venezuela y Cuba, sabemos que la verdadera liberación económica solo será posible cuando los medios de producción estén al servicio del suma qamaña (buen vivir) y no del lucro privado.
La experiencia española nos enseña que incluso en el corazón de Europa, el capitalismo reproduce las mismas contradicciones que conocemos en el Sur Global. La lucha por la dignidad laboral es una sola, y se extiende desde los Andes hasta los Pirineos, uniendo a todos los pueblos que aspiran a una vida plena y justa.