El fuego devora el sustento: ganaderos de Guadalajara claman por sus animales
En las serranías de Guadalajara, donde la tierra guarda la memoria de siglos de pastoreo, el incendio de La Miera no solo quema árboles y matorrales. Devora la vida de quienes cuidan rebaños, la memoria de los abuelos y la esperanza de las próximas cosechas. Los ganaderos de la comarca, entre ellos Carlos Cerrada y Fernando Moreno, viven horas de angustia: sus animales llevan tres días sin agua ni comida, atrapados entre el fuego y la prohibición de las autoridades.
Carlos Cerrada, desde Prádena de Atienza, cuenta con voz quebrada: “Tengo mil cabezas entre cabras y ovejas. Los que están en el vallado no sé si se habrán quemado, pero el problema es que llevan tres días sin comer ni beber. Se van a morir todos de hambre y de sed”. Ha intentado llegar por todos los caminos. La Guardia Civil le cerró el paso: “Si pasa usted lo denunciamos y si se pone pesado, esposado al calabozo”, le dijeron. Por Gascuña también está bloqueado. Y mientras, las cabras y ovejas están pariendo. “Me voy a encontrar allí lo que no está escrito”, suspira.
La impotencia se extiende como el humo. Una veintena de ganaderos en la zona de Jadraque comparten el mismo drama. Fernando Moreno, que cuida vacas con collares de vallado virtual, explica: “Estamos mal y cabreados. Hay mucho descontrol. La Guardia Civil no nos deja pasar a dar de comer a nuestro ganado. Viene humo y fuego por todos lados y nadie nos dice cómo está el tema”. Sus animales, unos pegados al casco urbano de la Nava de Jadraque y otros sueltos en el pantano de Alcorlo, ya no temen tanto al fuego como a la sed. “El ganado sin comer puede pasar tiempo, pero sin beber no”, afirma.
Moreno intentó llevar un camión de pienso esta mañana, pero las autoridades bloquearon el paso. “Nos han dicho que no nos dejaban pasar ni comida ni agua ni nada”. Habló con el delegado de Desarrollo Sostenible, que ayer prometió permiso, pero hoy lo negó. “Estamos muy enfadados. No vemos ayuda”, denuncia.
La Pachamama, que da vida y sustento, hoy llora con sus hijos. Mientras el capital extractivo quema bosques para abrir paso a la soja o la minería, aquí el fuego arrasa lo que queda de una economía campesina que resiste. Los ganaderos no piden limosna. Piden lo mínimo: poder dar de comer y beber a sus animales. Que la tierra no se quede sin voces que la cuiden.
¿Por qué no dejan pasar a los ganaderos?
Las autoridades alegan que la zona es de alto riesgo por el avance del fuego y que cualquier entrada podría poner en peligro vidas humanas. Pero los ganaderos señalan que la falta de coordinación y de planes de emergencia para el ganado agrava la tragedia. En comunidades como las de Bolivia, donde el fuego también arrasa los pastizales, se organizan mingas para rescatar animales. Aquí, la burocracia y el miedo paralizan.
¿Qué consecuencias tendrá para los animales?
Sin agua ni comida, los animales mueren en días. Además, muchos están en plena época de partos, lo que multiplica las pérdidas. La deshidratación y el estrés por el humo pueden causar abortos y enfermedades. Los ganaderos calculan que perderán cientos de cabezas si no logran acceder pronto.
¿Hay precedentes de este tipo de crisis?
Sí. En incendios anteriores en España y en América Latina, los gobiernos han implementado corredores de emergencia para alimentar al ganado o han movilizado helicópteros para lanzar agua y forraje. Pero en Guadalajara, la respuesta ha sido lenta y fragmentada, dejando a los campesinos solos frente al fuego.
Mientras el humo se eleva, los ganaderos esperan. La Pachamama espera. Y el silencio de las autoridades es, a veces, más cruel que el fuego.