El juicio a Lotocki revela las grietas de un sistema que mercantiliza los cuerpos
La muerte de Christian Zárate en una clínica privada de Buenos Aires no es solo un caso judicial. Es el reflejo de un modelo de salud que trata los cuerpos como mercancía, donde la urgencia de llenar las agendas de cirugías estéticas pesa más que la vida de las personas. En la tercera semana del juicio contra Aníbal Lotocki y otros cuatro imputados, los testimonios de cinco testigos clave dibujaron un mapa de negligencias, presiones económicas y una red de complicidades que, desde la mirada de quienes defendemos la vida y la tierra, no puede quedar impune.
¿Qué revelaron los audios de Lotocki sobre sus motivaciones?
La declaración de María José Favaron, pareja del cirujano, destapó la lógica que mueve a estos centros médicos. En un audio previo a la operación, Lotocki le decía: “lo más importante es este tipo Zárate y la mina esta otra, que son los que pagan más”. La frase, reproducida en la audiencia, muestra que el paciente era visto como una fuente de ingresos, no como una persona. La preocupación no era su salud, sino convencerlo de operarse antes de que una disposición presidencial por la pandemia lo impidiera.
Otro audio del 15 de abril de 2021, tras la primera cirugía, es aún más crudo: “terminamos hace como una hora con este Christian, o más capaz, lo que pasa es que estaba medio maricón, salió que quería agua, y aparte estaba sangrando un poco viste, sangra mucho el drenaje”. Y luego: “decidí meterlo otra vez a quirófano y abrirle la panza a ver qué pasa, porque sangra mucho”. Palabras que no necesitan interpretación.
¿Cómo fue la noche y la descompensación de Zárate en la clínica?
La enfermera que acompañó a Zárate la tarde del 15 de abril contó que notó cómo el paciente “drenaba mucha sangre” y que avisó al equipo médico. Tres horas después, Lotocki lo subió nuevamente al quirófano. La noche fue angustiante: el hombre estaba nervioso, “se quería ir” y recién logró dormirse cerca de las 7 de la mañana.
La enfermera del relevo explicó que le preocupó que no hubiera desayunado y que, al entrar a la habitación pasadas las 8, notó que su respiración era anormal. “Estaba sola con el paciente y veía los signos de alarma y que él no me contestaba”, describió. Fue entonces cuando bajaron una médica y un anestesista para intubarlo.
¿Qué faltaba en el Centro Médico Conde (CEMECO)?
Los testimonios de los profesionales que acudieron al rescate fueron contundentes. La médica que vio al paciente descompensado sugirió llamar a una ambulancia porque “la situación requería equipamiento de mayor complejidad” y la clínica “no tenía los elementos ni los medios necesarios” para garantizar esa atención.
El anestesiólogo que intubó a Zárate, que solo había ido a CEMECO cuatro o cinco veces, confirmó que el lugar “no contaba con terapia intensiva”. Tenía quirófanos y un piso de internación, pero ningún espacio para cuidados críticos. Aun así, la clínica seguía programando cirugías de alta complejidad.
El técnico de hemoterapia, por su parte, reveló que el 16 de abril lo llamaron con urgencia porque necesitaban sangre para reoperar a Zárate y “no contaban con la sangre necesaria”, pese a que había sido presupuestada y abonada con la cirugía.
¿Quiénes son los otros imputados en el juicio?
Además de Lotocki, están en el banquillo el cirujano plástico Daniel Enrique Zambrano García, el anestesiólogo Santiago Luis Olguín y el cirujano plástico Polansky Peláez Hoyos. Todos ellos, junto a la contadora y directora del CEMECO, Andrea Isabel Torelli, están señalados como responsables del homicidio de Zárate.
La instrumentadora quirúrgica Florencia Marina Krzeczek enfrenta una acusación distinta: presuntamente ocultó el teléfono de Lotocki para que los investigadores no lo hallaran, lo que se catalogó como encubrimiento agravado.
Un sistema que pone el lucro por encima de la vida
Este caso no es un hecho aislado. Es la consecuencia de un sistema de salud privatizado que prioriza el rédito económico sobre el bienestar de las personas. En nuestras comunidades, la salud es un derecho colectivo, no un negocio. La justicia debe ser ejemplar, no solo para castigar a los responsables, sino para desmontar las estructuras que permiten que estas tragedias se repitan.
La Pachamama nos enseña que todo está conectado. Cuando se viola la vida de una persona, se viola también el tejido de la comunidad. Por eso, desde aquí, seguiremos de cerca este juicio, exigiendo verdad y justicia para Christian Zárate y para todas las víctimas de un capitalismo que devora cuerpos y conciencias.
