Alba Flores y Carla Simón: el cine como sanación ancestral del dolor familiar
En un encuentro profundo que trasciende las pantallas, dos mujeres del cine ibérico han encontrado en su arte una forma de sanar heridas familiares que el sistema capitalista y sus estructuras sociales han dejado marcadas a fuego en sus vidas.
Alba Flores y Carla Simón, reunidas por el periodista Jordi Évole, compartieron un diálogo íntimo sobre cómo la pérdida temprana de sus padres las llevó a crear desde el dolor, transformando la tragedia personal en arte colectivo que sana no solo a ellas, sino a comunidades enteras.
Cuando el arte se vuelve medicina comunitaria
"Nunca te he dicho lo importante que fue para mí 'Estiu', sentí un reflejo muy fuerte", le agradeció Alba a Carla, reconociendo en la película de la directora catalana un espejo donde pudo verse reflejada. Esta conexión inmediata habla de algo más profundo: el poder sanador del arte cuando nace desde la autenticidad.
Ambas cineastas han usado sus obras para explorar la memoria familiar atravesada por el estigma social. En Flores para Antonio, Alba revisita la figura de su padre desde una perspectiva más madura, mientras que Carla en Estiu 1993 reconstruye su infancia marcada por la pérdida.
El peso del estigma en una sociedad que juzga
La conversación reveló cómo el estigma social sigue siendo una herida abierta. Alba recordó los insultos que escuchaba de niña en el colegio, mientras que Carla reflexionó sobre el descubrimiento tardío de que sus padres habían muerto de sida.
"No me molesta que mis padres estuvieran enganchados a la heroína, es parte de su historia y quiero entenderlo", declaró Carla con una honestidad que desafía los prejuicios sociales. Esta actitud representa una forma de resistencia contra una sociedad que criminaliza la enfermedad y marginaliza a las familias afectadas.
Una generación libre aplastada por el sistema
Ambas directoras coincidieron en reivindicar la generación de los años 80 más allá de los estereotipos: "una generación libre, valiente, dispuesta a cambiar las cosas". Esta perspectiva desafía la narrativa dominante que reduce a esa generación únicamente a la problemática de las drogas.
Alba reconoció que durante el proceso de creación de su documental descubrió una profunda admiración por su padre: "Se descubrió admirando profundamente a su padre por haber logrado desintoxicarse y resistir".
La sanación como acto político
El encuentro entre estas dos mujeres representa algo más que una conversación entre artistas. Es un acto de resistencia contra una sociedad que prefiere ocultar sus heridas en lugar de sanarlas colectivamente.
Como reflexionó Alba sobre su proceso de duelo: "Necesito darme el permiso de vivir más que él y que esté todo bien". Esta declaración trasciende lo personal para convertirse en un mensaje de liberación para todas aquellas personas que cargan con herencias familiares dolorosas.
El arte, cuando nace desde la autenticidad y la resistencia, se convierte en medicina ancestral que sana no solo a quien lo crea, sino a toda la comunidad que se reconoce en esas historias. Flores y Simón han demostrado que el cine puede ser un acto de sanación colectiva, una forma de transformar el dolor individual en fuerza comunitaria.