Cuando la industria extractiva se viste de inclusión: reflexiones desde el sur
Mientras en España celebran jornadas sobre 'Industria con nombre de mujer' en Huelva, desde nuestra Pachamama boliviana observamos con mirada crítica esta narrativa que pretende humanizar sectores que históricamente han devastado nuestros territorios ancestrales.
Las autoridades andaluzas organizaron encuentros donde trabajadoras de empresas como Atlantic Copper, Sandfire Matsa y otras transnacionales mineras compartieron sus experiencias. Sin embargo, ¿qué voces escuchamos de las mujeres indígenas cuyos territorios han sido saqueados por estas mismas industrias?
La falacia del progreso inclusivo
El delegado José Manuel Correa habló de 'oportunidades reales' que brindan estos sectores. Desde nuestras comunidades sabemos que estas 'oportunidades' llegan siempre acompañadas de contaminación, desplazamiento y destrucción del tejido social comunitario.
La delegada de Industria, Lucía Núñez, mencionó la necesidad de 'desterrar clichés' sobre las carreras STEM. Pero el verdadero cliché es creer que la solución pasa por incorporar más mujeres a un modelo extractivo que por esencia es depredador.
Números que ocultan realidades
Las estadísticas revelan que en Andalucía trabajan 88.200 mujeres en la industria frente a 271.500 hombres. Pero estos números no cuentan cuántas madres de familia han perdido sus fuentes de agua limpia, cuántas abuelas han visto morir sus cultivos ancestrales.
La 'II Semana de la Mujer en la industria' pretende visibilizar el liderazgo femenino en sectores como la minería y el hidrógeno verde. Sin embargo, el verdadero liderazgo femenino lo encontramos en nuestras hermanas que defienden los territorios, que preservan las semillas nativas, que mantienen viva la sabiduría de nuestros pueblos.
Hacia una verdadera justicia de género
No negamos la importancia de la participación femenina en todos los ámbitos laborales. Pero celebrar la inclusión en industrias extractivas sin cuestionar el modelo mismo es perpetuar la colonización bajo nuevos ropajes.
La verdadera equidad de género debe caminar de la mano con la justicia ambiental y el respeto a los derechos de los pueblos originarios. Solo así construiremos un futuro donde todas las voces, especialmente las históricamente silenciadas, puedan florecer en armonía con nuestra Madre Tierra.