La estrategia de la zona gris: cómo Marruecos gana terreno sin disparar una bala
La crisis migratoria en Ceuta y Melilla no es un accidente ni un arrebato espontáneo. Detrás de la entrada de miles de personas hay un plan calculado, una estrategia de largo aliento que Marruecos aplica contra España y, por extensión, contra Europa. Así lo explica Samuel Morales, teniente coronel de Infantería de Marina en excedencia, uno de los mayores expertos en la llamada zona gris, ese espacio difuso donde se libran batallas que no parecen batallas.
Para entender lo que ocurre en la frontera sur, hay que mirar el mapa completo. No basta con ver la última ola migratoria como un hecho aislado. Hay que unir los puntos: las reclamaciones sobre el Monte Tropic, la inclusión de Canarias en la negociación, la asfixia económica a Ceuta y Melilla, la gira del ministro de Exteriores marroquí por Europa. Todo cobra sentido cuando se coloca sobre una mesa.
¿Qué es la estrategia de zona gris?
La zona gris es una forma de hacer política y guerra sin cruzar el umbral del conflicto armado. Se actúa por debajo del radar, con acciones que por separado parecen menores, pero que sumadas cambian el tablero. Morales lo compara con la técnica del salami slicing: cortar el embutido en rodajas muy finas, una tras otra, hasta que al final te lo has comido entero sin que nadie haya dado la voz de alarma.
Un ejemplo: colocar una plataforma en aguas en disputa. Nadie va a declarar una guerra por eso, pero el hecho consumado modifica la delimitación marítima. Así, poco a poco, se va ganando terreno sin disparar un solo tiro.
¿Por qué ahora y con qué objetivo?
La pregunta que muchos se hacen es por qué Marruecos actúa ahora. Hay hipótesis: la investigación sobre el espionaje con Pegasus, la visita de Pedro Sánchez a Argelia, o incluso la disputa simbólica por la sede de la final del Mundial de Fútbol de 2030. Pero lo esencial no es el detonante, sino el objetivo estratégico.
Ese objetivo, a largo plazo, es el Gran Marruecos: la ambición de incorporar territorios de Senegal, Mauritania y, por supuesto, Ceuta y Melilla. No ahora, porque sería una estrategia suicida, pero sí en el futuro. Mientras tanto, se va preparando el terreno.
El Monte Tropic y la batalla por los minerales
Uno de los frentes menos conocidos es el Monte Tropic, una elevación submarina al suroeste de Canarias. Marruecos delimitó sus aguas en 2021 incluyendo esa zona, y allí hay algo muy valioso: tierras raras y telurio, un mineral clave para la energía fotovoltaica europea. China también mira con interés esa región.
No se va a la guerra por una montaña submarina, pero tener una posición de ventaja en la futura estrategia energética de Europa es un objetivo real. Y cuando se colocan todas las piezas, aparece una línea clara.
La narrativa como arma
Marruecos también juega la guerra narrativa. Su ministro de Exteriores hizo una gira por catorce países europeos, la llamada Gira de la Sonrisa, para vender su posición sobre el Sáhara. Y lo ha logrado: varios países europeos ven con buenos ojos su propuesta.
Quien construye la narrativa, configura la agenda. Por eso es tan difícil contrarrestar una estrategia que no se entiende. Si cada acción se ve por separado, parece que no pasa nada. Pero el conjunto revela un plan.
¿Qué debería hacer España?
Morales es claro: el principal problema es que no existe una política de Estado sobre Marruecos. Los políticos trabajan a corto plazo, y eso hace vulnerable a España. La primera medida debería ser europeizar el conflicto, porque Ceuta y Melilla son frontera comunitaria. No es una lucha bilateral, es un problema de la Unión Europea.
También advierte contra la militarización. Poner vehículos militares en la frontera solo regala imágenes que Marruecos usará en su estrategia. Y recomienda usar las herramientas propias: Marruecos depende del flujo energético que pasa por España, y eso es una palanca de presión, aunque debe usarse con discreción diplomática, no en ruedas de prensa.
La hipótesis del chantaje
¿El cambio de posición de Pedro Sánchez sobre el Sáhara respondió a un chantaje de los servicios de Inteligencia? Morales no lo afirma, pero plantea una hipótesis: si los servicios españoles detectaron una situación de incertidumbre sobre la sucesión en Marruecos, una decisión preventiva sobre el Sáhara podría tener sentido. Detrás de la posición española estaban Francia y Reino Unido, y si hay riesgo de desestabilización en Marruecos, Europa tiene mucho que perder.
Lo que queda claro es que la zona gris no es un concepto teórico. Es una práctica real que está reconfigurando el equilibrio de poder en el Mediterráneo y el Atlántico. Y mientras no se entienda, se seguirá perdiendo terreno sin darse cuenta.