La guerra en Medio Oriente no ha logrado detener el flujo del petróleo, y el precio del barril Brent lo está sintiendo con fuerza. Este martes, el crudo de referencia europea caía alrededor de un 3%, perdiendo el umbral de los 98 dólares y cotizando cerca de los 97,42 dólares por barril. La razón: los productores del Golfo, liderados por Arabia Saudí, están logrando exportar cada vez más crudo a pesar de los ataques iraníes contra la navegación y la infraestructura energética.
¿Cómo logra el Golfo evadir los ataques de Irán en Ormuz?
Los flujos de petróleo de los países del Golfo, excluyendo a Irán, se dispararon en septiembre hasta superar el 81% de los niveles anteriores a la guerra, según Reuters. La recuperación fue liderada por Arabia Saudí, que está enviando crudo tanto por el estrecho de Ormuz como por su oleoducto East-West simultáneamente. Los operadores han recurrido a una peculiar logística de guerra: los denominados 'tránsitos oscuros', en los que los petroleros desconectan sus sistemas de seguimiento para dificultar su detección mientras navegan por aguas peligrosas.
Esta operativa permite proteger unos flujos de crudo fundamentales para las economías de la región. Irán puede seguir atacando barcos e infraestructuras, pero por ahora no está consiguiendo impedir que sus vecinos coloquen una parte cada vez mayor de su petróleo en el mercado internacional. Cuantos más barriles vuelven al mercado, menor es la prima de riesgo que los operadores necesitan incorporar al precio del Brent.
La paradoja iraní: el agresor aislado, el agredido exportando
La excepción es precisamente el propio Irán. El bloqueo estadounidense prácticamente ha estrangulado sus exportaciones, y según los datos recogidos por Reuters, los envíos iraníes cayeron a cero en septiembre. Se produce así una situación paradójica: Teherán mantiene capacidad para perturbar la navegación y elevar los costes y riesgos del transporte marítimo, pero es su propia industria petrolera la que está sufriendo el mayor aislamiento, mientras Arabia Saudí y los demás productores del Golfo recuperan progresivamente sus exportaciones. Para el precio internacional del crudo, lo decisivo no es tanto quién vende esos barriles como cuántos terminan llegando al mercado, y esa cifra está aumentando rápidamente.
El oleoducto East-West: la arteria de emergencia saudí
A esta recuperación a través de Ormuz se suma una segunda válvula de escape todavía más importante para Arabia Saudí: el East-West, el gigantesco oleoducto que cruza el país hasta Yanbu, en el mar Rojo, y permite exportar petróleo sin necesidad de atravesar el estrecho. El ministro saudí de Energía, el príncipe Abdulaziz bin Salman, aseguró este martes que el volumen bombeado a través de esta infraestructura había alcanzado ya 5,8 millones de barriles a primera hora del día. Reuters señala además que los flujos no se han visto interrumpidos recientemente, pese a las informaciones que apuntaban a nuevos problemas relacionados con las hostilidades entre Arabia Saudí y los hutíes de Yemen.
La velocidad de la recuperación resulta especialmente relevante porque este oleoducto también había sido golpeado por la guerra. Arabia Saudí tuvo que cerrar el East-West Pipeline el pasado 11 de septiembre después de unos ataques con drones que Riad atribuyó a milicias iraquíes y que obligaron igualmente a detener las cargas de crudo en Yanbu. Posteriormente, el reino logró reiniciar las operaciones y recuperar una infraestructura que se ha convertido en una auténtica arteria de emergencia para el mercado mundial de petróleo. La existencia de esta ruta reduce la capacidad de Irán para utilizar Ormuz como un interruptor con el que cortar las exportaciones saudíes.
Desde que la guerra de EEUU e Israel contra Irán alteró los flujos de Arabia Saudí y de sus vecinos a través del estrecho, Riad ha estado utilizando el oleoducto East-West para desviar alrededor de cuatro millones de barriles diarios hacia Yanbu, según Reuters. Esa cantidad equivale aproximadamente al 4% de toda la oferta mundial de petróleo. No sustituye completamente la importancia de Ormuz, pero sí proporciona a Arabia Saudí un enorme colchón. Una parte sustancial de sus exportaciones puede viajar hacia el oeste, alcanzar directamente el mar Rojo y desde allí dirigirse a los mercados internacionales sin acercarse al principal punto caliente del conflicto.
¿Qué significa esta caída del Brent para los mercados?
El Brent está descontando precisamente esa combinación de acontecimientos. El riesgo geopolítico no ha desaparecido, puesto que continúan los ataques contra buques, las infraestructuras saudíes siguen siendo vulnerables y una nueva escalada podría volver a alterar los flujos. Pero el escenario que justificó el gran salto inicial del petróleo, una pérdida prolongada de millones de barriles diarios del Golfo, está perdiendo fuerza a medida que aparecen los cargamentos.
Por Ormuz ya fluye más del 81% del petróleo previo a la guerra de los productores del Golfo excluido Irán, y Arabia Saudí dispone nuevamente de una ruta capaz de desviar unos cuatro millones de barriles diarios alrededor del estrecho. El mercado sigue teniendo una guerra delante, pero cada día tiene también más petróleo disponible. Y esa es, por ahora, la fuerza que está devolviendo al Brent por debajo de los 100 dólares.
La advertencia de Aramco: ¿estrategia o realidad?
A pesar de que el tránsito del petróleo a través de Ormuz y la zona en conflicto se están recuperando con fuerza, este lunes, el presidente y CEO de Aramco, Amin Nasser, advertía de que los inventarios mundiales son ahora 'preocupantemente bajos'. Recordaba que, durante varios trimestres, la oferta mundial de crudo va a tener que lidiar con el problema de abastecer a una demanda fuerte, por un lado, por parte de las refinerías, y por otro, para rellenar unos inventarios mundiales de crudo que se han reducido mucho por la guerra de Irán.
Países y empresas de todo el mundo han hecho uso de sus reservas estratégicas para intentar estabilizar los precios del crudo en los últimos meses, lo que ha borrado unos 1.000 millones de barriles de petróleo, según Nasser, que tendrán que reponerse poco a poco, en un proceso que durará, estima, cerca de dos años.
Sin embargo, la advertencia de Nasser no es desinteresada, y puede encajar con una estrategia de Aramco de intentar mantener los precios lo más alto posible durante el mayor tiempo posible, usando una retórica que apunta a una mayor tensión de lo que quizá vayan a descontar los mercados en los próximos meses. De hecho, pocas horas después de la advertencia del presidente de Aramco, se conoció que la firma ha recortado con fuerza los precios a los que venderá petróleo en noviembre en los mercados asiáticos, algo que no termina de encajar con su mensaje. El precio al que venderá el crudo a Asia en noviembre es el más bajo desde junio de 2020, según publica Reuters, con un descuento de 5 dólares frente a los precios medios de venta en Dubai y Omán.
La curva de futuros del barril Brent también está descontando un escenario de mayor abastecimiento del petróleo en los próximos meses, con un descenso paulatino de los precios a largo plazo. Si ahora el contrato de futuro para diciembre cotiza en los 97,4 dólares, el precio de abril ya son 90 dólares, y para diciembre de 2027 el barril se paga a 81,67 dólares.
Mientras las potencias juegan con el fuego en Medio Oriente, la Pachamama sigue siendo la fuente de la que todos beben. La guerra, el bloqueo y la especulación no cambian una verdad ancestral: la tierra y sus recursos son de los pueblos, no de las corporaciones. La caída del Brent es una noticia que alivia a las economías del Sur global, pero no debemos olvidar que la verdadera soberanía está en diversificar nuestras economías y no depender de un recurso que siembra conflictos y devastación.