El Ceuta y la mala suerte: cuando la pelota no quiere entrar
Al Ceuta le pasa de todo, y casi todo malo. El 3-1 de El Plantío podría guardarse como resumen de este arranque de temporada. La pelota pega aquí, rebota allá, vuelve a tropezar con otro y termina dando en Redru antes de entrar. Un pinball sin musiquita. De esas jugadas que vistas desde fuera hasta hacen gracia, pero que para la Agrupación son un martirio. Con cuatro derrotas encima y camino de la quinta, ninguna tiene gracia. Cuando vienes de cara, ese balón acaba en la grada. Cuando vienes como viene el Ceuta, para dentro.
¿Por qué el Ceuta no levanta cabeza?
Así lleva cinco jornadas. El Burgos apenas había hecho cosquillas en toda la primera parte cuando apareció Dadie y marcó seguramente el gol de su vida. Un zapatazo tremendo en una de las poquísimas veces que el Ceuta le permitió asomarse con peligro. Pues para dentro. Hay épocas en las que sale cara hasta sin querer y otras en las que uno parece tener compradas todas las papeletas para el tortazo. El Ceuta anda metido de lleno en las segundas.
Claro que cinco derrotas no pueden despacharse hablando de karma. La pelota no tiene toda la culpa del 0 de 15. Hay una buena ración de mala pata, pero también carencias, errores propios, ausencias que están haciendo mucho daño y futbolistas de los que todavía se espera bastante más. Todo mezclado ayuda a explicar por qué la Agrupación sigue a cero después de cinco jornadas.
Mereció más en Burgos
Aunque seguramente debería tener algún punto más. Ante Las Palmas hizo méritos para sacar algo, frente al Celta Fortuna hubo más partido del que terminó diciendo el marcador y en Burgos mereció muchísimo más. José Juan Romero suele considerar superior a su equipo con cierta facilidad. Va en su manera de entender el fútbol. En El Plantío, esta vez, no hubo que hacer demasiadas piruetas para darle la razón.
El Ceuta mandó durante buena parte del partido y especialmente antes del descanso. Jugó con personalidad, pasó mucho tiempo en campo contrario y llevó el peso ante un Burgos que apenas conseguía inquietarlo. Álex Camacho y Kuki tuvieron protagonismo y el equipo encontró situaciones para hacer daño. Sin montar ninguna exhibición, fue mejor. Bastante mejor por momentos. Y se fue al descanso perdiendo. Un resumen bastante fiel de estas semanas.
Las áreas, el talón de Aquiles
Las áreas están machacando al Ceuta. Hace muchas cosas para llegar hasta la contraria y saca poco rédito; al otro lado sucede prácticamente al revés. Cualquier concesión cuesta una barbaridad. 15 goles encajados en cinco jornadas hablan de una hemorragia tremenda: a tres por partido, una sangría imposible de sostener. También falta ese punto de calidad individual que resuelva una jugada cuando el colectivo ya ha hecho casi todo el trabajo. El año pasado tampoco sobraba, pero había un equipo mucho más hecho que sabía esconder sus defectos. Este todavía anda juntando las piezas. Luhay Hamido reconoció que llegaron a caerse alrededor de quince fichajes, varios de ellos futbolistas más contrastados que algunos de los que finalmente aterrizaron. Aun así, el Ceuta tiene recursos. Otra cosa es que ahora mismo pueda disponer de todos.
Demasiadas piezas fuera
La ausencia de Marino Illescas es seguramente la que más duele. Es el faro del centro del campo, un futbolista estructural para José Juan y uno de los que mejor entiende lo que quiere el entrenador. No es la única. Koné, Lapeña, Anuar, Petxarroman, Cedric Teguia... demasiados cimientos, bajas que han ido quitándole piezas y registros al equipo.
Eso se acaba notando con los minutos. El Ceuta ha tenido tramos buenos en casi todos los partidos, pero le está costando alargarlos. Cuando toca meter piernas, darle otra velocidad al encuentro o buscar algo diferente, hay menos donde rascar. Y algunos de los que sí están todavía necesitan rodaje. Ale Meléndez viene de una pretemporada accidentada y tiene margen de sobra para acercarse al jugador que puede ser. Hay fichajes recientes, papeles todavía por repartir y un equipo que se está conociendo sobre la marcha. La faena es hacerlo con cinco derrotas ya metidas en la mochila. Cada una añade un poco más de peso a la siguiente.
Reducir el 0 de 15 a todo lo que se está viviendo en Ceuta durante las últimas semanas también sería un error. Evidentemente existe un contexto y evidentemente afecta, pero explica una parte, no el todo. Hay suficientes cuestiones futbolísticas encima de la mesa como para no volver a manosear un asunto del que ya se ha hablado mucho.
Un arranque sin precedentes
El comienzo, en cualquier caso, no tiene precedente durante la etapa de Luhay Hamido. Desde su llegada a la presidencia, la Agrupación nunca había arrancado una temporada perdiendo sus cinco primeros partidos, independientemente de la categoría. Es para estar alerta, por supuesto. También estamos a mediados de septiembre y queda una barbaridad.
El Murube, para cambiar el paso
Hay algo a lo que agarrarse. El Ceuta no parece un equipo descompuesto, sin identidad o que haya dejado de creer en lo que hace. El Plantío fue una buena muestra. Tuvo personalidad, mandó durante muchos minutos y probablemente completó su actuación más convincente de estas primeras jornadas. Acabó 3-1. Los puntos siguen sin llegar y las buenas sensaciones tienen una fecha de caducidad si nunca vienen acompañadas de resultados, pero no es lo mismo corregir desde ahí que hacerlo con un equipo hecho añicos.
Real Valladolid y Sanse visitarán ahora consecutivamente el Murube. Dos partidos en casa y una ocasión estupenda para empezar a cambiar el paso. Hablar de finales en septiembre sería pasarse tres pueblos, pero el Ceuta necesita sacar un buen balance. Por la clasificación y por la cabeza. Ganar también sirve para recuperar futbolistas con menos urgencias, dar tiempo a los nuevos y conseguir que cada partido deje de llevar encima todo el peso del anterior. Y, de paso, a ver si el próximo pinball sale por línea de fondo.