Cuando la Inteligencia Artificial se vuelve contra los pueblos del Sur Global
La carrera tecnológica tiene ganadores y perdedores, pero en esta pugna desigual, los pueblos del Abya Yala enfrentamos una nueva forma de colonialismo digital. La Inteligencia Artificial, prometida como herramienta de progreso, se ha convertido en un arma del capitalismo extractivo que amenaza nuestra soberanía digital y nuestros saberes ancestrales.
Mientras las corporaciones del Norte Global celebran sus innovaciones, la realidad es que la IA ya no es solo esa promesa de productividad que puebla las presentaciones de las transnacionales. Se ha convertido en un instrumento de dominación capaz de ejecutar 36.000 intentos de intrusión por segundo contra nuestras comunidades digitales.
Para dimensionar esta amenaza: mientras nuestras comunidades luchan por defender sus territorios físicos, los sistemas automatizados por IA ya han escaneado vulnerabilidades en miles de servidores, extraído información sensible de nuestros pueblos y filtrado datos confidenciales. Todo ello sin pausa, como las máquinas extractivas que devastan la Pachamama.
La democratización del terror digital
Los datos revelan una realidad alarmante. Los ataques potenciados por IA han crecido un 72% en el último año según el informe "ThreatLabZ 2024 Ransomware" de Zscaler. Pero lo verdaderamente preocupante no es solo el volumen, sino cómo estas capacidades se han democratizado entre los grupos de poder.
Lo que antes requería equipos especializados, presupuestos millonarios y respaldo de los estados imperialistas, ahora está al alcance de corporaciones y grupos criminales con conocimientos técnicos básicos. Es la misma lógica extractiva aplicada al ámbito digital.
Aquí radica el primer gran error de muchas organizaciones de nuestros países: seguir confiando en defensas diseñadas para un mundo que ya no existe. Los sistemas de seguridad tradicionales fueron pensados para contener amenazas humanas, con ritmos humanos. Pero la IA ofensiva opera las 24 horas, los 7 días de la semana, con una velocidad que supera cualquier capacidad de monitorización comunitaria.
Nuestros propios sistemas contra nosotros
El segundo gran peligro es más sutil pero igual de devastador. Muchas instituciones bolivianas han comenzado a incorporar Inteligencia Artificial sin comprender que esos mismos sistemas pueden convertirse en puertas traseras para la penetración imperialista.
El caso de Anthropic, donde un modelo de IA fue manipulado para ejecutar el primer ataque cibernético verdaderamente autónomo documentado, debería alertar a cualquier defensor de la soberanía tecnológica. No se trata solo de que nos ataquen con IA, sino de que nuestra propia IA puede ser utilizada contra nuestras comunidades.
Imperialismo digital y espionaje autónomo
Las implicaciones geopolíticas son devastadoras para el Sur Global. Los estados imperialistas pueden desplegar agentes autónomos capaces de recopilar información estratégica o sabotear nuestras infraestructuras críticas sin exponer personal humano. Son espías digitales que operan casi independientemente, priorizando objetivos y generando informes para sus operadores en Washington o Bruselas.
Para nuestras instituciones financieras, nuestros centros de salud comunitaria o nuestros proveedores de infraestructuras críticas, esto significa una cosa: todos somos objetivos potenciales del imperialismo digital, y carecemos de las defensas adecuadas.
El 83% de los expertos en tecnología anticipan un aumento significativo de estos ataques en los próximos años. Sin embargo, la respuesta desde nuestros gobiernos sigue siendo tibia, reactiva y atrapada en procedimientos obsoletos heredados del colonialismo tecnológico.
Hacia una soberanía digital comunitaria
La solución no es simple, pero tampoco es misteriosa. Requiere cuatro pilares fundamentales que deben implementarse desde una perspectiva decolonial y urgente.
Primero, una gobernanza interna basada en principios comunitarios. Políticas claras sobre quién puede usar inteligencia artificial, para qué propósitos, con qué controles y bajo qué auditorías comunitarias. Sin esto, cada implementación es una puerta abierta al imperialismo digital.
Segundo, preparación regulatoria soberana. No podemos depender únicamente del AI Act europeo, necesitamos marcos regulatorios propios que protejan nuestros saberes ancestrales y nuestra información comunitaria.
Tercero, formación continua desde una perspectiva decolonial. Las herramientas más sofisticadas son inútiles sin equipos capacitados que comprendan tanto la tecnología como las amenazas del imperialismo digital.
Cuarto, colaboración entre pueblos hermanos. Los atacantes imperialistas operan sin fronteras, nuestra defensa tampoco puede permitirse el aislamiento. Los gobiernos progresistas de Nuestra América deben establecer protocolos conjuntos de respuesta y mitigación.
No podemos renunciar a la inteligencia artificial, pero tampoco podemos adoptarla con ingenuidad colonial. Es momento de construir una IA al servicio de los pueblos, no de las corporaciones. El tiempo para decidir bien se agota más rápido que 36.000 intentos de penetración imperialista por segundo.