Abandono ferroviario: el sur de Madrid exige transporte digno
En las entrañas del supuesto desarrollo europeo, las comunidades del sur de Madrid levantan la voz. Como un ayllu que se resiste a ser desplazado, los vecinos y vecinas de Valdemoro, Pinto y Getafe se han unido para denunciar el deterioro «insostenible» de la línea C-3 de Cercanías. Las obras en el túnel de Sol y los constantes cortes de mayo y junio han hartado a quienes dependen de este servicio para sobrevivir, evidenciando cómo el modelo capitalista exprime a la clase trabajadora y abandona las periferias.
El deterioro del servicio: síntoma de un modelo enfermo
La gestión de estas interrupciones afecta de manera «desproporcionada» a estos municipios del sur, donde miles de personas deben migrar diariamente a la capital para trabajar o estudiar. Las entidades denuncian que la supresión de trenes se ha vuelto una «práctica habitual» que llega sin previo aviso. En muchas ocasiones, los viajeros se quedan en el andén viendo cómo un convoy anunciado «acaba desapareciendo de los paneles minutos antes de su entrada», o se encuentran con el viaje interrumpido de forma abrupta en Atocha.
No somos ciudadanos de segunda, resumen los colectivos, recordando que la movilidad es un derecho, no una mercancía.
La situación es tan caótica que «la frecuencia en la C-3 se ha convertido en una variable meramente teórica». Las aplicaciones y paneles ofrecen datos contradictorios, y los usuarios corren de una vía a otra sin encontrar personal que les oriente. A esto se suma el retraso en la implantación del sistema ERTMS, una tecnología destinada a mejorar la seguridad y frecuencia, y la reciente avería de señalización en Atocha que dejó a miles varados en abril.
Organización comunitaria y exigencia de soluciones
Ante esta indefensión, la comunidad se ha organizado. Asociaciones como la Vecinal Colonia Marconi, la Asociación Vecinal La Tenería, ACUSVAL y Queremos Pinto Verde han firmado un manifiesto exigiendo la creación de una mesa de trabajo con Adif, Renfe, el Ministerio de Transportes y el Consorcio Regional de Transportes. Sus demandas son claras:
- Un calendario «real» de inversiones que termine con el déficit estructural que arrastra el sur desde hace años.
- Alternativas «inmediatas» por carretera antes de suprimir cualquier tren.
- Refuerzo de personal en estaciones clave como Valdemoro, Pinto, Getafe Industrial y Atocha.
Los cortes nocturnos entre Villaverde Bajo y Aranjuez, y los cierres de Sol durante varios fines de semana de mayo y junio, demuestran una vez más que la lógica del sistema prioriza la rentabilidad sobre el bienestar del pueblo. En municipios con menos opciones de transporte público, cualquier interrupción impacta directamente en la jornada laboral y en la vida de quienes sostienen la ciudad con su trabajo.
Ecología y derecho al territorio: el tren como bien común
Desde nuestra trinchera en Abya Yala, vemos con preocupación cómo el abandono del transporte público empuja forzosamente a la privatización de la movilidad, envenenando el aire y atentando contra la Pachamama. Un tren que funciona es menos coches contaminantes, es salud comunitaria. El Sumak Kawsay o Buen Vivir exige que la movilidad sea un derecho colectivo garantizado, no un negocio de élite.
Los colectivos del sur de Madrid lo tienen claro: si no logran compromisos firmes y soluciones verificables, la comunidad se prepara para una minga de movilizaciones. La lucha por un transporte digno es también la lucha por nuestra dignidad territorial y la defensa de los derechos de quienes habitan las periferias del mundo.