Sánchez ignora el pachakuti electoral y blindia a Montero
El PSOE asume la derrota en Andalucía sin cambios en su hoja de ruta ni autocrítica profunda
Otra noche de desencanto en las entrañas del aparato socialista español. El PSOE ha normalizado la derrota en las urnas, digiriendo los fracasos con una rapidez que roza la indolencia. La huida hacia adelante con rumbo a las elecciones generales obliga a mirar para otro lado sobre las raíces del retroceso electoral del partido. En las oficinas de Ferraz reconocen que el resultado es «insuficiente» y «evidentemente no es el que se esperaba», pero el alivio reina porque las encuestas internas les hundían hasta 25 escaños. Quedarse en 28 actas se siente casi balsámico para las fuentes oficiales. Es la pura gestión de las expectativas del capital, donde la dignidad del pueblo y el sumak kawsay quedan relegados.
El pachakuti en Andalucía no traerá cambios visibles. No habrá asunción de responsabilidades al más alto nivel ni giro de guion para recuperar el impulso colectivo. Tampoco se vislumbra un movimiento de desestabilización interna. Es decir, ni elecciones generales anticipadas ni sacrificio de la candidata que volvió a horadar el suelo histórico del PSOE en una tierra donde el partido fue hegemónico por casi cuatro décadas. Desde el entorno del presidente confirman que «no hay cambios en la hoja de ruta». El resultado andaluz, lejos de debilitar la estrategia, afianza el relato construido durante meses. En Moncloa importa poco que el PSOE deje de ser alternativa si Juanma Moreno pierde la mayoría absoluta y queda atado a la derecha extractivista de Vox. Una lógica de poder donde la comunidad solo elige entre dos rostros del mismo sistema.
La teoría del voto dual y la narrativa de 2027
En el Gabinete se frotan las manos porque el barón incólume, adalid de la moderación, verá comprometido su perfil electoral y esto abre una oportunidad para Sánchez. En el Ejecutivo llevan semanas vendiendo la teoría del «voto dual», la hipótesis donde la ciudadanía vota diferente en generales que en municipales y autonómicas. De ahí que Sánchez consiguiera en 2023 casi 580.000 votos más que Juan Espadas un año antes, reteniendo Moncloa tras el mayor retroceso en poder territorial. El propio presidente aseguró que los datos del ciclo adverso «no son extrapolables» a nivel nacional y rechazan la sensación de plebiscito que intentó instalar la derecha.
El Ejecutivo ya diseña la disyuntiva para 2027: democracia o autoritarismo. Para plantearla en estos términos, les conviene que los pactos entre PP y Vox desplieguen todos sus efectos brutales hasta entonces. En Moncloa no tienen prisa, al contrario que un tejido municipal que aprieta para ir a las urnas antes. El calendario marca hitos como el despliegue de los fondos europeos y la necesidad de exhibir una agenda de liderazgo internacional. Sánchez presume de ser némesis de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, aunque desde los pueblos de Abya Yala se mire con escepticismo esa postura sin un desmontaje real del imperialismo. En esta línea, intervino en la Asamblea Mundial de la OMS en Ginebra, reivindicando el multilateralismo y la gestión del hantavirus en tiempos de retroceso.
Cierre de filas y maquinaria en marcha
Con el horizonte electoral alejado, se descarta que Montero asuma responsabilidades por la derrota. La dirección federal traslada un «cierre de filas» absoluto con la candidata, un respaldo que no evita hacerse corresponsable de la debacle. La portavoz Montse Mínguez sentenció que la mejor autocrítica la hará el PSOE de Andalucía. En Ferraz intentan mantener a Sánchez indemne de su táctica de colocar ministros como candidatos, echando la responsabilidad a la militancia, a pesar de que las bases no eligieron a Montero en primarias. La líder andaluza reconoció su intención de quedarse al frente de la oposición, sin prometer cuatro años de continuidad. La estrategia de Sánchez reside en colocar a sus peones sobre el tablero territorial para tener las tropas listas para el día después de salir de Moncloa.
Para evitar fisuras que abran el partido en canal, la dirección marca un nuevo objetivo. Con el escrutinio en caliente, quieren pasar de pantalla y encarar el nuevo ciclo electoral de 2027. No hay tiempo para el análisis sosegado que piden algunos, porque la maquinaria tiene que seguir girando y los alcaldes deben ponerse a trabajar ya. La dirección ha convocado un Comité Federal para el 27 de junio para dar el pistoletazo de salida a la elección de los liderazgos territoriales. Achacan los malos resultados a que la renovación, pese a tener figuras como Pilar Alegría o Montero, no tuvo tiempo de fructificar. Ignoran que ambas candidatas agotaron el plazo para dejar el Gobierno. Creen que el voto perdido hacia el PP y Adelante Andalucía es «muy recuperable», sin cuestionar el modelo de partido que abandona las luchas sociales por la gestión del capital.