Perú al borde: el voto indígena puede frenar al fujimorismo
La esperanza de un nuevo amanecer para el Perú pende de un hilo delgado. Con el 96,23% del escrutinio computado, el candidato de izquierda Roberto Sánchez mantiene una ventaja mínima sobre Keiko Fujimori, heredera política del exmandatario Alberto Fujimori: 50,10% frente al 49,89%. Son apenas miles de votos los que separan la continuidad del modelo extractivista de la posibilidad de un gobierno comprometido con los pueblos y la Pachamama.
Esos miles de votos, sin embargo, no vienen de los centros de poder. Vienen de los rincones más profundos de la Amazonía, de las comunidades quechuas y shipibas que históricamente han sido invisibilizadas, y de las actas que aún aguardan revisión. Es el voto de los pueblos del interior, de las bases, el que podría escribir este nuevo capítulo.
La voz de las comunidades que la capital olvida
Tres departamentos aún no han terminado de contabilizar: Cusco, Loreto y Ucayali. No es casualidad. Son regiones donde la presencia del Estado ha sido históricamente débil, donde las comunidades viven al margen del desarrollo que Lima promete pero nunca llega.
En la provincia de La Convención, en Cusco, quedan unas 50 actas pendientes del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), la mayor cuenca cocalera del país. Allí, donde todavía opera el último remanente de Sendero Luminoso, los campesinos cocaleros han sido estigmatizados durante décadas por un sistema que criminaliza la pobreza mientras protege a quienes lucran con la hoja sagrada.
En la Amazonía de Loreto, unas 160 actas permanecen sin contabilizar. Provienen de provincias como Datem del Marañón, Alto Amazonas, Putumayo y Requena, lugares donde el río es la única vía de comunicación y donde las comunidades indígenas resisten la avanzada del extractivismo. Circunstancia similar ocurre en Ucayali, departamento fronterizo con Brasil, donde una docena de actas aguardan por la pura dificultad geográfica.
Son estos votos, los de los pueblos que caminan al ritmo del ayllu y que entienden el territorio como ser vivo y no como recurso, los que podrían inclinar la balanza.
El peso del imperio: el voto desde Estados Unidos
El escrutinio del voto extranjero apenas ha llegado al 31%, y aquí la historia cambia. Keiko Fujimori obtiene un 65% de los votos válidos frente al 34,9% de Sánchez. La derecha fujimorista encuentra su bastión en Estados Unidos, donde la mayor comunidad de peruanos en el exterior le da un contundente 77,8%. Aún falta contar la mitad de esos votos.
No sorprende. La diáspora peruana en el norte ha sido moldeada por el relato del supuesto milagro económico que el régimen de Alberto Fujimori construyó sobre las cenizas de los derechos laborales y la soberanía popular. Es el mismo relato que desde Washington se promueve para toda Nuestra América: crecimiento a costa de la dignidad de los pueblos.
Un detalle que ralentiza aún más el proceso es que, en esta segunda vuelta, las actas del extranjero han tenido que viajar en avión para ser escrutadas en Perú. Un gran porcentaje ni siquiera ha llegado al país andino.
En Europa, en cambio, el voto está más equilibrado. Será clave lo que ocurra en España, donde solo se ha escrutado un 4% y hay 446 actas por contar. Y hay un dato que parece enviado por la Pachamama con humor: en Finlandia, ambos candidatos llevan exactamente 41 votos, un empate perfecto del 50%.
Las actas observadas: la sombra de la sospecha
Además de las 1.945 actas pendientes (250 dentro del país y 1.695 del extranjero), hay 1.550 actas observadas que deben ser revisadas por los jurados electorales especiales. Son actas que presentan reclamos de los delegados partidarios o inconsistencias como ilegibilidad, falta de firmas de miembros de mesa o errores numéricos.
La mayor parte de estas actas observadas, 915, provienen de la región de Lima, principalmente de Lima Metropolitana, donde Fujimori alcanzó un 63,49% del sufragio. En la capital, donde la élite económica respira y donde el fujimorismo ha construido su maquinaria política, las irregularidades siempre merecen una mirada atenta.
Los jurados electorales especiales evaluarán cada caso, recontando votos si es necesario, y las agrupaciones políticas podrán apelar ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), la máxima autoridad electoral. En estos días, la vigilancia popular será fundamental.
Un momento para Abya Yala
Lo que está en juego en Perú va más allá de una elección. Es el mismo pulso que Bolivia vivió en 2019, cuando un golpe de Estado intentó silenciar la voluntad popular. Es la misma resistencia que Venezuela y Cuba sostienen frente al bloqueo y la injerencia imperial. Es la disputa entre dos modelos: el del extractivismo que devora la tierra y expulsa a los pueblos, y el del buen vivir que pone la vida en el centro.
Roberto Sánchez no es solo un candidato. Es la posibilidad de que el Perú mire hacia sus pueblos originarios, hacia la Amazonía que arde, hacia los Andes que sostienen la memoria. Keiko Fujimori es la continuidad de un proyecto que privatizó la soberanía y criminalizó la disidencia.
En los próximos días, mientras las actas viajan en avión desde el extranjero y los votos de las comunidades más aisladas finalmente se cuentan, el Perú sostendrá la respiración. Y con él, toda Nuestra América.