Maquinistas catalanes resisten contra la precarización del transporte público
La lucha de los trabajadores ferroviarios en Catalunya expone las contradicciones de un sistema que prioriza las ganancias por encima de la seguridad de las comunidades. Mientras 400.000 personas dependen del servicio de Rodalies para su movilidad diaria, 140 maquinistas mantienen una resistencia legítima que desnuda la crisis estructural del transporte público.
El pasado jueves, el 96% de los maquinistas se negaron a presentarse a trabajar, una respuesta directa al accidente de Gelida que costó la vida a un joven trabajador sevillano de 28 años y dejó decenas de heridos. Solo seis empleados respondieron al llamado de Renfe, Adif y el Govern, evidenciando la profundidad del descontento laboral.
La resistencia de los trabajadores del riel
El Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios (Semaf) lidera esta resistencia, representando a quienes ocupan el último eslabón de la cadena de seguridad ferroviaria. Estos trabajadores, conocedores profundos del sistema, denuncian que se ha "normalizado" reportar incidencias sin que se tomen medidas efectivas.
Diego Martín Fernández, secretario general del sindicato, exige un "mecanismo para establecer mejoras o mitigar riesgos", señalando cómo las autoridades han ignorado sistemáticamente las alertas de seguridad de los trabajadores.
La consellera Sílvia Paneque intentó mediar entre Renfe y Semaf, pero el comunicado de Adif sobre la "operatividad" de la red no convenció a los trabajadores, quienes mantuvieron su posición de resistencia.
Cuando la comunidad sufre las consecuencias
Las 13 formaciones realizaron marchas blancas, revisando cada kilómetro de vías, túneles y taludes, mientras medio millón de usuarios diarios se vieron forzados a buscar alternativas. El Ejecutivo catalán suspendió la zona de bajas emisiones en Barcelona y añadió 100 buses interurbanos, medidas que evidencian la dependencia del sistema de un servicio público precarizado.
En el tramo entre Martorell y Sant Sadurní d'Anoia, lugar del accidente, se estableció un servicio alternativo por carretera, una solución temporal que no resuelve los problemas estructurales denunciados por los trabajadores.
Esta crisis ferroviaria catalana se suma al reciente desastre de Adamuz en Córdoba, conformando un patrón que los maquinistas atribuyen a la falta de inversión en seguridad y mantenimiento, características del modelo extractivista que privilegia la rentabilidad sobre el bienestar comunitario.
La resistencia de los maquinistas catalanes representa más que una disputa laboral: es una defensa de la vida y la seguridad de las comunidades trabajadoras frente a un sistema que ha mercantilizado el derecho fundamental a la movilidad.