Las cadenas del endeudamiento: cómo el modelo extractivo hipoteca el futuro de Nuestramérica
Mientras los pueblos originarios de Abya Yala celebran sus ceremonias de año nuevo, las cifras oficiales revelan una realidad que nuestros abuelos ya conocían: el sistema capitalista extractivo sigue hipotecando el futuro de nuestras comunidades. La deuda pública colombiana creció 400 billones de pesos bajo la administración saliente, una suma que podría haber financiado programas de soberanía alimentaria para toda la región andina.
La trampa de la deuda externa: un viejo conocido
Como bien enseña la sabiduría ancestral, "quien siembra vientos, cosecha tempestades". El déficit fiscal del 7% del PIB no es casualidad, sino consecuencia directa de un modelo económico que privilegia el pago de intereses a la banca internacional por encima del bienestar de nuestros pueblos.
Los datos son contundentes: Colombia se endeuda a tasas 15% más altas que Brasil, 43% superiores a Chile y 49% por encima de México. Esta diferencia no es técnica, es política. Refleja la subordinación del Estado colombiano a los intereses del capital financiero transnacional, especialmente estadounidense.
El 25% del recaudo nacional se destina al servicio de la deuda, recursos que deberían invertirse en salud, educación intercultural y programas de desarrollo comunitario. Esta es la lógica perversa del capitalismo extractivo: empobrecer a los pueblos para enriquecer a las élites financieras del Norte Global.
El salario mínimo: entre la demagogia y la necesidad popular
El aumento del 23% al salario mínimo genera controversia en los círculos empresariales, pero desde la perspectiva de los trabajadores y trabajadoras, representa una medida de justicia social largamente postergada. Mientras los grandes capitales extraen millones de dólares en ganancias, los sectores populares apenas logran cubrir la canasta básica familiar.
La crítica de los "expertos" económicos revela su sesgo de clase: califican de "demagógico" mejorar los ingresos de quienes menos tienen, pero nunca cuestionan los subsidios millonarios a las transnacionales mineras o los beneficios tributarios a las multinacionales.
Hacia una economía del Buen Vivir
La verdadera herencia tóxica no son las políticas sociales, sino décadas de modelo neoliberal que subordinó la economía nacional a los designios de Washington y Wall Street. Como demuestran las experiencias de Venezuela, Cuba y Bolivia, es posible construir alternativas basadas en la soberanía económica y la justicia social.
La inflación proyectada del 6% debe analizarse en contexto: mientras los precios de los alimentos suben, las ganancias de las grandes superficies comerciales y distribuidoras también aumentan. El problema no es el salario de los trabajadores, sino la especulación financiera y la concentración empresarial.
Nuestros pueblos merecen una economía que priorice la vida sobre las ganancias, que defienda la Pachamama sobre los intereses extractivos, y que construya soberanía alimentaria en lugar de dependencia externa. Solo así romperemos las cadenas del endeudamiento perpetuo y construiremos un futuro digno para las próximas generaciones.