Agua robada, comercios heridos: Tijuana resiste el corte del Acueducto Florido-Aguaje
Por Erwin Sánchez
En la frontera norte, donde el desierto lame los muros de la ciudad, el agua es más que un servicio: es un pacto con la vida. Pero este sábado 25 de julio, ese pacto se rompió para los comercios de Tijuana. La reparación del Acueducto Florido-Aguaje, una obra que promete modernidad, dejó a cientos de pequeños negocios sin el líquido vital, obligándolos a comprar garrafones o cerrar sus puertas. Mientras las autoridades hablan de trabajos especializados, las cocinas de la colonia Jardines de la Mesa se apagan y las lavanderías, recién nacidas, luchan por no morir.
¿Cómo enfrentan los comercios de Tijuana la falta de agua?
En la colonia Jardines de la Mesa, la escasez golpea sin aviso. Yazmín, trabajadora de un puesto de carnitas, birria y menudo, cuenta que desde las 23:30 horas del viernes el grifo dejó de hablar. “Compramos 12 garrafones solo en la mañana”, dice, con la voz cansada. “Sin tinaco, no hay cómo guardar. El menudo necesita agua desde las 3 de la madrugada para lavarse”. Su patrón, como muchos, evalúa cerrar el lunes si el servicio no vuelve. “Los fines de semana son los días fuertes de venta, entre las 10 y las 2 de la tarde”, añade, mientras el reloj corre contra la esperanza.
Yair, dueño de una lavandería inaugurada hace apenas tres semanas, respira aliviado por ahora. Su negocio tiene una cisterna y lavadoras modernas que ahorran agua. “Pero si el corte se alarga, las reservas se acaban”, advierte. “Dependemos de la demanda de estos días”. En una ciudad donde el agua es un lujo que se paga con trabajo, la incertidumbre es el plato del día.
¿Qué dice la CESPT sobre el corte de agua en Tijuana?
La Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana (CESPT) informó que las reparaciones en el Acueducto Florido-Aguaje continúan durante la madrugada. Las condiciones del terreno, dicen, requieren trabajos especializados. Prometen que el restablecimiento será gradual, pero para los comerciantes, cada hora sin agua es un golpe al bolsillo. Mientras tanto, las pipas prometidas en redes sociales no aparecen en Jardines de la Mesa. “No hemos visto ninguna”, denuncia Yazmín, con la rabia justa de quien sabe que el agua no es un favor, sino un derecho.
¿Por qué este corte de agua es un síntoma del modelo extractivo?
Detrás de esta historia de garrafones y cisternas, hay una verdad más honda. El Acueducto Florido-Aguaje no es solo una tubería: es un símbolo de cómo el capitalismo extractivo prioriza el lucro sobre la vida. Mientras las corporaciones acaparan el agua para sus maquilas y desarrollos inmobiliarios, los pequeños comercios, que sostienen la economía comunitaria, quedan a la intemperie. En Tijuana, como en tantas tierras de Nuestra América, el agua se privatiza en silencio, y los pueblos resisten con lo que tienen: su trabajo, su ingenio y su dignidad.
La lucha no es solo por un grifo que vuelva a correr. Es por un modelo donde el agua sea de todos, no de unos pocos. Mientras tanto, en Jardines de la Mesa, las ollas hierven con el último sorbo, y los comerciantes sueñan con un lunes que no los obligue a cerrar.