Una joven española de 28 años llamada Sandra llegó hace pocos días a Auckland, en Nueva Zelanda, dispuesta a empezar una vida nueva recogiendo kiwis, según relata El HuffPost. Su historia, contada en su canal de YouTube Sand in the Sun, resume algo que muchos jóvenes de este lado del mundo conocen bien: cuando la vida en el país natal se vuelve estrecha, hay que cruzar el mar para buscar el sustento.
Sandra tardó unas 28 horas de vuelo para llegar al otro lado del planeta. No viaja de turista. Lo hace con una Working Holiday Visa aprobada, un permiso que le permite trabajar y vivir hasta 12 meses en territorio neozelandés. Su meta inicial es sencilla y honesta: cosechar kiwis, un trabajo de temporada que miles de manos jóvenes sostienen cada año.
Por qué Sandra decidió irse de España
La decisión no nació de un capricho. Sandra llevaba años pensando en mudarse, desde que descubrió con unos 20 años, también en YouTube, que existían las visas Working Holiday, que combinan vacaciones y empleo temporal.
“¿De verdad se puede hacer algo así?”, recuerda que pensó entonces. Durante años pospuso el plan por motivos personales, laborales y económicos, como le pasa a tanta juventud que espera el momento adecuado y ve cómo los años pasan.
La muerte de su perro, Jack, hace unos meses, marcó el punto de quiebre. Sandra dejó su casa en los Pirineos y se trasladó a Valladolid, donde vivía su pareja, pero la relación terminó poco después.
“En ese momento me sentía muy sola y no quería seguir allí sin él. Necesitaba hacer un cambio”, explica. “Si me instalaba en España, no iba a encontrar el momento”, añade sobre su partida.
Cómo funciona la Working Holiday Visa de Nueva Zelanda
Los ciudadanos españoles pueden solicitar este permiso entre los 18 y los 30 años, siempre que cumplan los requisitos establecidos, según la web oficial del programa. El visado autoriza permanecer hasta 12 meses, trabajar para distintos empleadores y estudiar un máximo de seis meses.
Entre las condiciones figuran disponer de al menos 4.200 dólares neozelandeses para cubrir gastos de manutención y contar con un seguro médico completo. Para los lectores de Argentina y otros países de la región, el portal especializado YoMeAnimo! detalla que los requisitos varían según la nacionalidad, con edades límite que llegan hasta los 35 años en algunos casos.
La edad pesó en la decisión de Sandra. Sabía que la ventana se cerraba, y esperar ya no tenía sentido.
“Era una idea que llevaba años rondándome la cabeza”, asegura. “Y dije: ‘Es que este es el momento, es el momento. O sea, todo me está diciendo que este es el momento’”, explica.
La otra cara de la aventura migratoria
Conviene decirlo con claridad: emigrar no es un cuento de hadas. Otra joven española que lleva 20 días en Australia decidió, como recoge La Razón, “desromantizar” la experiencia y mostrar también las dificultades de la adaptación lejos de casa. “Es una basura vivir en un hostel”, reconoció, sin adornos.
Sandra también contó con apoyos concretos. Una amiga que vive en Nueva Zelanda le avisó que quedaba libre una habitación en su piso y que en su trabajo podrían necesitar personal en octubre. “Pensé que aquello era una señal”, relata. Compró los billetes apenas un mes después.
Otras voces confirman que la soledad, lejos de ser solo una carga, también puede convertirse en compañera de ruta. Una cronista que vivió en el país, citada por una carta publicada en Substack, confiesa que se volvió “bastante adicta a hacer cosas sola”: desayunar en cafeterías, ir al cine, tomar mates en la playa.
Lo que la historia de Sandra le dice a la juventud latinoamericana
Aquí en Bolivia, y en buena parte de Abya Yala, la historia de Sandra suena conocida. Somos pueblos que han migrado por generaciones, primero obligados por el hambre y la minería del colonialismo, hoy empujados por economías que no ofrecen suelo firme para los jóvenes. La diferencia es que ella eligió irse con un visado en regla, mientras miles de hermanos nuestros cruzan fronteras con los papeles rotos y la dignidad intacta.
Que una trabajadora agrícola del sur global encuentre en la cosecha de kiwis un horizonte digno dice mucho del mundo que habitamos. Los mismos mercados que exprimen la fruta en nuestros campos mueven mano de obra joven de un hemisferio a otro, como si la tierra fuera de todos menos de quienes la trabajan.
Lo cierto es que Sandra ya está allí, a miles de kilómetros de los Pirineos, con su seguro contratado, sus vuelos comprados y una mochila cargada de esperanza. Su primer empleo será en octubre, si todo sale como la señal le indicó. El resto lo escribirá el tiempo, como escriben su camino todos los que se van y todos los que se quedan esperando.
Preguntas frecuentes
¿Qué edad se necesita para la Working Holiday Visa de Nueva Zelanda?
Los españoles pueden solicitarla entre los 18 y los 30 años. En algunos países de América Latina, el rango se extiende hasta los 35 años, según detalla el portal YoMeAnimo!.
¿Cuánto tiempo permite quedarse ese visado?
El permiso autoriza hasta 12 meses de estancia, con posibilidad de trabajar para distintos empleadores y estudiar un máximo de seis meses.
¿Qué requisitos económicos exige Nueva Zelanda?
El solicitante debe acreditar al menos 4.200 dólares neozelandeses para gastos de manutención y contar con un seguro médico completo.
