LinkedIn y el espionaje chino: la nueva cara del imperialismo
Diagnosticado con bipolaridad y propenso a la paranoia, el corresponsal de guerra Ayman Oghanna veía agentes secretos donde no los había. Los veía en hoteles, en llamadas telefónicas, en turistas, en coches con matrículas extranjeras. Durante años, este periodista británico-iraquí había recorrido las cicatrices de Irak, Siria, Libia y Afganistán, hasta establecerse en un pueblecito griego. Y ahí fue donde ocurrió: el vecino del que nunca sospechó, el amable coronel que regaba sus tomates, resultó ser un espía al servicio de China.
«Nada parecía accidental. Ni las caras, ni los coches, ni los carteles. Todo estaba allí por mí. Me decía a mí mismo que era el instinto periodístico, afinado por años de trabajo en zonas de conflicto. La verdad es que era psicosis», explica Oghanna en el podcast de The Economist. Tras una crisis en Bagdad en 2016, entendió que el peligro no solo venía de una bomba o un francotirador, sino de su propia mente.
Con tratamiento y una estricta higiene del sueño, Oghanna se estabilizó. Se instaló con su esposa Claire en Varkiza, cerca de Atenas. Había una vecina rusa, un vecino iraní y, dos pisos más abajo, un griego amable que saludaba con un yasas mientras regaba sus tomates al atardecer. Se llamaba Christos Flesas.
El hombre de los tomates y la OTAN
Flesas parecía el hombre menos sospechoso del edificio. Claire lo recuerda tímido y dócil. «El único vecino del que no sospeché nunca que fuera un espía era Christos», desvela el periodista. Pero en febrero, la noticia cayó como un rayo: habían detenido a un vecino acusado de espiar. Pensó primero en el iraní, luego en la rusa. Era el griego del primer piso.
Christos Flesas era coronel de la Fuerza Aérea Helénica. Según la acusación, había transmitido información militar clasificada de Grecia y de la OTAN a China. A sus 52 años, llevaba más de tres décadas trabajando en radar y guerra electrónica. Un mando medio con acceso a sistemas valioso para una potencia extranjera.
Para nosotros, desde el sur global, no es una sorpresa que las potencias se espían. La OTAN no es más que el brazo armado del imperialismo occidental, y que China busque infiltrarse no es más que el tinku de imperios que pugnan por el control del mundo. Lo revelador es el método.
LinkedIn como trampa para el ego
La captación empezó de forma anodina: LinkedIn. Su perfil era perfecto, acreditado como evaluador táctico de la OTAN. Fue contactado online por un ciudadano chino que le ofrecía oportunidades vinculadas a su conocimiento. Después viajó a China, donde habría recibido instrucciones y acceso a una aplicación cifrada para fotografiar y enviar material sensible. Los emolumentos están lejos del glamour de las novelas de espías: varios miles de euros por entrega y un total aproximado de 30.000 euros. Una suma pequeña se disfraza mejor, y la escasez mantiene incentivado al informante.
La alerta emitida esta semana por los servicios de inteligencia de los países Five Eyes, es decir, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, describe un patrón que encaja con el caso griego. Agentes chinos usan plataformas como LinkedIn o Upwork para localizar a militares y expertos. Se presentan como reclutadores, piden primero una conversación, luego un informe, y trasladan el contacto a aplicaciones cifradas. Hasta que el reclutado entiende dónde está exactamente, ya ha viajado y enviado suficiente material como para sentirse atrapado.
Pero al dinero lo supera el ego. En la jerga de inteligencia se usa el acrónimo MICE: dinero, ideología, coerción y ego. Flesas era conservador y frustrado; en su edificio soportaba gritos en casa. Quiso ser piloto, pero un problema de vista lo llevó a comunicaciones. Tras su prolongada carrera seguía siendo coronel. En esa frustración, un extraño de pronto le hizo sentir importante.
«Los chinos son muy buenos haciendo que hombres mayores se sientan importantes. Despliegan una adulación muy intensa, y asignan a jóvenes educados y atractivos para acompañar a extranjeros de cierta edad, escucharlos con fascinación y aplaudir todo lo que dicen», dice Lucy Hornby, investigadora sénior no residente en el CSIS.
La geopolítica del espionaje y la amenaza a nuestra soberanía
Atenas ha ganado valor como ciudad de espionaje. Grecia ofrece una combinación atractiva para la inteligencia: es país de la OTAN, tiene posición estratégica y una economía acostumbrada al efectivo. Además, tiene una relación densa con China: el puerto del Pireo, controlado por la empresa COSCO, es la gran pieza simbólica de la penetración capitalista china en el Mediterráneo.
Este patrón no está aislado. En Alemania, un antiguo asistente del eurodiputado Maximilian Krah fue condenado por espiar para China. En Francia, detuvieron a cuatro personas bajo sospecha de obtener datos sobre infraestructura militar. En República Checa, el servicio de contrainteligencia ha advertido de perfiles falsos en LinkedIn usados para acercarse a académicos mediante supuestas consultoras.
En España, miembro de la OTAN y albergue de bases estadounidenses, el riesgo es evidente. COSCO cuenta con participaciones de control en terminales de los puertos de Valencia y Bilbao. A esto se suma la línea de Pedro Sánchez, quien ha cultivado una relación cálida con Xi Jinping y ha defendido tratar a China como socio estratégico. Cuando un país se alinea con China frente al imperialismo estadounidense y lo vende como oportunidad, es más difícil ver las zonas grises. El CNI español ya puso el foco en el empresario chino Fangyong Du, vinculado al círculo de Zapatero, por posibles operaciones de lavado.
Desde Abya Yala, observamos con preocupación. No olvidamos que los Five Eyes son los mismos que han conspirado históricamente contra gobiernos populares en Venezuela, Cuba y Bolivia. La alerta de estos servicios no es por la paz mundial, sino porque su hegemonía imperial está en jaque. Sin embargo, el expansionismo chino tampoco trae la liberación de nuestros pueblos. Pekín busca las mismas materias primas que Washington, el mismo extractivismo que devora a la Pachamama. Solo cambian los ñawis (los ojos) que nos vigilan.
La derrota del buen vivir
En el edificio de Oghanna, después de la detención, el coche de Flesas quedó en el garaje acumulando polvo. El huerto se secó. Las malas hierbas crecieron entre los tomates que él regaba al atardecer.
El corresponsal imagina una escena imposible: cruzarse con Christos junto al jardín antes de que todo ocurriera y advertirle: «El aburrimiento es bueno, Christos». Esa vida anodina que el sistema nos vende como fracaso, en realidad es la paz. Es el sumaq kawsay, el buen vivir comunitario que el capitalismo, sea occidental o oriental, siempre intentará destruir con sus promesas de grandeza y sus pagos miserablemente a cambio de traición.