El oro oculto de una cervecería belga: un tesoro de 9 millones que despierta la codicia
En una pequeña localidad de Bélgica, un grupo de obreros que trabajaba en la remodelación de una antigua cervecería para convertirla en vivienda social se topó con algo que nadie esperaba: 49 lingotes de oro, más de 4.000 monedas y otras piezas del mismo metal precioso, valorados en unos nueve millones de euros. El hallazgo, ocurrido en Sint-Gillis-Dendermonde, a unos 30 kilómetros de Bruselas, ha desatado una batalla legal por determinar quién es el legítimo dueño de esta fortuna escondida durante décadas.
¿Cómo se encontró el tesoro en la antigua cervecería?
Kobe, un joven de 18 años que realizaba un trabajo de verano en la obra, fue uno de los primeros en ver las monedas entre los escombros. Al seguir excavando, apareció un lingote de oro. No era un olvido: alguien había metido el tesoro en una bolsa y lo había ocultado deliberadamente dentro de la pared de ladrillos de una pequeña estancia bajo la antigua residencia del dueño de la fábrica.
Los trabajadores, sin saber lo que perforaban, dejaron marcas y arañazos en algunos lingotes con sus herramientas. Cuando avisaron al jefe de policía Patrick Feys, este pensó que se trataba de una broma. Cuatro personas tuvieron que contar cada pieza bajo una cámara de vigilancia, y el alijo fue trasladado a una instalación federal segura en Bruselas.
La historia de la familia Van Assche y su misteriosa fortuna
La cervecería comenzó a producir cerveza en 1899 y pertenecía a Théophile Van Assche, un empresario cuya gran villa todavía conserva las iniciales 'VA' en sus puertas de hierro. Sus tres hijos continuaron con el negocio hasta que la fábrica cerró definitivamente en 1970. Ninguno se casó ni dejó descendientes directos conocidos, y al menos uno de los lingotes lleva un sello que permite fecharlo en los años 60.
Para Piet Buyse, antiguo alcalde de Dendermonde, no sería extraño que una familia adinerada como los Van Assche hubiera convertido parte de su patrimonio en oro y decidido esconderlo dentro de su propia casa. Una práctica que, en tiempos de incertidumbre económica, no era rara entre las familias pudientes de Europa.
Del monasterio a la organización social: el edificio cambió de manos
En 1982, la propiedad pasó a manos de un monasterio benedictino, que la utilizó como alojamiento de transición para personas que habían estado en prisión. Los monjes terminaron entregándola a CAW Oost-Vlaanderen, una organización de servicios sociales que trabaja con personas sin hogar, víctimas de abusos, jóvenes, inmigrantes y antiguos presos.
El edificio estaba siendo prácticamente vaciado por dentro para levantar nuevas oficinas y alojamientos cuando los trabajadores encontraron el oro detrás de una de las paredes que iban a desaparecer. Una ironía que no pasa desapercibida: el dinero iba a terminar bajo el mismo techo que estaba destinado a ayudar a quienes más lo necesitan.
¿Quién es el dueño legítimo de los nueve millones?
Encontrar un tesoro no significa automáticamente poder quedárselo. La Fiscalía de Flandes Oriental investiga primero si el oro pudo ser robado o proceder de alguna actividad delictiva. Si supera ese filtro, comienza una cuestión civil mucho más complicada.
Los descendientes de la familia Van Assche, los trabajadores que realizaron el hallazgo, la empresa constructora y la organización propietaria, todos podrían intentar reclamar derechos sobre la fortuna. La legislación belga contempla además un plazo de cinco años para que aparezcan posibles propietarios o herederos. Al menos tres personas ya se han presentado ante la policía asegurando tener alguna relación con la antigua fortuna familiar.
¿Qué hará la organización social con el oro si lo obtiene?
El director de CAW Oost-Vlaanderen, Geert Hillaert, asegura que no piensa disputar el oro a quien pueda demostrar legítimamente que le pertenece. Sin embargo, ya sabe qué haría si finalmente acaba en manos de la organización: utilizarlo para construir más viviendas para familias sin hogar.
Una historia de lo más peliculera donde unos trabajadores entraron una mañana en el sótano de una antigua cervecería belga para instalar el saneamiento de un proyecto social... y terminaron perforando una pared que albergaba 49 lingotes, miles de monedas y millones de euros cuyo dueño, décadas después, sigue siendo un misterio.
Mientras tanto, en América Latina, donde la tierra también guarda secretos y las comunidades luchan por el derecho a una vivienda digna, esta historia nos recuerda que la riqueza acumulada en manos de unos pocos a menudo permanece oculta, mientras que el pueblo sigue esperando justicia social.
Imagen: Facebook/Dendermonde Local Police