El dinero vuelve a morder a Farage: dos dimisiones sacuden a Reform UK en su gran conferencia
Una investigación con cámara oculta sobre la financiación del partido de Nigel Farage provocó la salida de dos de sus principales asesores y vuelve a colocar a Reform UK bajo el foco por sus vínculos con el dinero extranjero y la nueva derecha estadounidense. El escándalo estalló en el peor momento: durante la conferencia anual en Birmingham que debía mostrar a la formación como un gobierno en espera.
¿Qué reveló la investigación con cámara oculta?
Periodistas encubiertos se hicieron pasar durante meses por un acaudalado simpatizante estadounidense y su hijo británico. Las grabaciones, difundidas por Channel 4, muestran a dos de los hombres más próximos a Farage discutiendo fórmulas para canalizar financiación procedente del extranjero, incluida una hipotética donación de 500.000 libras. También hablaban de 32.500 libras destinadas a pagar encuestas que después generaron titulares favorables a Reform.
El medio millón nunca llegó al partido y Reform niega haber infringido la ley. Lo que está bajo escrutinio es si sus responsables estaban planteando una fórmula para sortear las normas que impiden que donantes extranjeros no autorizados financien partidos británicos.
La operación fue realizada por Verbatim Investigations, un grupo de periodismo encubierto vinculado al Centre for Climate Reporting, organización sin ánimo de lucro especializada en investigaciones sobre el clima y las redes de influencia política y económica. Reform denuncia una trampa de activistas de extrema izquierda financiados desde el extranjero. Farage habla de provocación.
¿Quiénes son los dos asesores que dimitieron?
Dan Jukes, responsable de comunicación de Farage desde hace una década, y James Orr, uno de los principales cerebros políticos de Reform, abandonaron el viernes sus puestos mientras el partido abría una investigación interna. Jukes ha sido durante años el perro guardián del líder y su relación suele describirse como casi paterno-filial. Orr, académico de Cambridge, aportaba músculo intelectual al proyecto y era además uno de sus puentes con la nueva derecha estadounidense y con el vicepresidente JD Vance.
Que Farage haya aceptado perderlos permite medir la gravedad del episodio. Y explica la paradoja de Birmingham: esta conferencia debía demostrar que Reform ha dejado de ser una fuerza insurgente y está preparado para gobernar. En cambio, otra polémica sobre financiación ha vuelto a dominar los titulares.
La sombra de una investigación parlamentaria
Farage continúa sometido a una investigación del Comisionado Parlamentario de Estándares sobre si debía haber declarado un regalo de cinco millones de libras del empresario de criptomonedas Christopher Harborne. El asunto desembocó este verano en unas elecciones parciales surrealistas. Farage renunció a su escaño de Clacton, la investigación quedó suspendida y volvió después a presentarse. Los principales partidos no compitieron y el candidato satírico Count Binface terminó segundo. Farage recuperó el asiento con 22.239 votos, el 62,8%, pero Binface logró un sorprendente 26,7%. Al volver a Westminster, la investigación se ha reanudado.
El discurso de Farage: promesas y provocaciones
El gran discurso de Farage del viernes empezó casi una hora tarde por motivos de seguridad. Después apareció entre humo, música y efectos pirotécnicos. Otro año y otro primer ministro, el séptimo en diez años, arrancó antes de presentar esa inestabilidad como la prueba de que Britain is broken.
Prometió declarar una emergencia nacional en su primer día en Downing Street, cancelar los recesos parlamentarios y mantener las Cámaras trabajando seis días a la semana, 24 horas al día si fuera necesario, para aprobar decenas de leyes. Se comprometió a detener las pequeñas embarcaciones durante sus primeros cien días, reducir las facturas energéticas en 250 libras y aplicar recortes fiscales radicales.
También avisó a quienes pudieran bloquearlo. Si la Cámara de los Lores impide sus reformas, nombraría cientos de nuevos lores para conseguir una mayoría y, si fuera necesario, convocaría un referéndum sobre su composición. Jueces y funcionarios tampoco escaparían de esa ofensiva.
El discurso fue interrumpido repetidamente por manifestantes que tuvieron que ser expulsados por seguridad. Farage respondió a los abucheos coreando boring, boring, boring. Y tuvo inevitablemente que regresar al escándalo de Channel 4, que describió como una pequeña dificultad local. Insistió en que Reform no ha infringido ninguna ley y calificó las palabras de sus colaboradores de charlas imprudentes de pub. Terminó entre una ovación en pie. Os quiero a todos, dijo a los militantes.
¿Está perdiendo Farage su momento?
Desaparece la sensación de avance inevitable que acompañó a Farage durante buena parte del último año. En mayo, Ipsos situaba a Reform en el 27%, siete puntos por encima de Labour. Tres meses después, la situación se ha invertido con la llegada de Andy Burnham a Downing Street: Labour aparecía con un 28% y Reform con un 25%. Farage tampoco sale bien parado personalmente: solo un 26% de los británicos tiene una opinión favorable de él, frente al 54% que lo ve negativamente.
Reform no se está hundiendo. Continúa alrededor de una cuarta parte del voto. Pero ha desaparecido la sensación de avance inevitable. Su actividad en Westminster tampoco encaja fácilmente con la imagen de un primer ministro en espera. Commons-Sense registra que ha participado en solo 18 de 83 votaciones analizadas, el 21,7%. The Times aporta otro dato: ha intervenido apenas nueve veces en los Comunes durante 2026, frente a una media aproximada de 83 contribuciones entre los diputados. Su compañero Richard Tice suma 125.
El propio Farage admitió el viernes que todavía faltan personas con experiencia para ocupar algunos de los grandes puestos de un eventual gobierno y mencionó expresamente Defensa y Sanidad.
¿Qué dice la derecha británica sobre la crisis de Reform?
Tim Shipman, editor político de The Spectator, biblia para la derecha británica, cree que el problema es más profundo. Las organizaciones políticas, argumenta, terminan adoptando el carácter de quien está en la cúspide: los líderes crean cultura. El estilo insurgente de Farage, su desprecio por las convenciones y su enfrentamiento con el establishment, constituye al mismo tiempo la fuerza que lo ha llevado hasta aquí y una posible debilidad cuando intenta demostrar que puede gobernar.
Shipman advierte además que Reform está demasiado intoxicado por la derecha estadounidense. Farage lleva años cultivando su relación con Donald Trump; Orr tiene vínculos con JD Vance y el partido frecuenta el ecosistema MAGA. Después de años diciendo a la izquierda que Twitter no es la vida real, señala el columnista, Reform corre el riesgo de creer que todo lo que funciona para Trump funcionará también en Reino Unido. Su advertencia sobre la fascinación del partido por el dinero estadounidense resulta especialmente incómoda ahora que el último escándalo nació alrededor de un falso benefactor norteamericano.
¿Quién es el aliado internacional de Farage?
Pero sería prematuro enterrar a Farage. La conferencia celebrada esta semana ha reunido alrededor de 8.000 personas y las cancillerías extranjeras han empezado a tomarse a Reform en serio. Representantes diplomáticos de Alemania, Italia y España, entre otros países, han acudido a Birmingham. No significa simpatía ideológica, sino que los gobiernos europeos consideran cada vez más necesario prepararse ante la posibilidad de que Farage pueda llegar al poder.
También él practica ya una especie de diplomacia paralela. La estrella internacional de la conferencia fue Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional y el hombre llamado a ser primer ministro francés si Marine Le Pen gana las próximas presidenciales. Farage y Bardella llevan meses trabajando juntos y firmaron un Memorando de Entendimiento para cooperar contra las travesías irregulares del canal de la Mancha si algún día coinciden en el Gobierno. El galo asegura que ambos hablan el mismo idioma.
Cuando levantaron el documento sobre el escenario, los asistentes respondieron con un rugido más propio de un gol en el último minuto que de un acuerdo bilateral. Durante unos minutos Farage volvió a controlar completamente el momento. Poco después estaba ante los periodistas explicando por qué dos de sus hombres de mayor confianza habían tenido que marcharse. Esa secuencia resume dónde se encuentra ahora.
¿Qué significa este escándalo para el futuro de Reform UK?
Farage no está acabado. Reform sigue alrededor del 25%, llena auditorios, domina buena parte del debate sobre inmigración y recibe ya la atención de diplomáticos extranjeros. Pero cuanto más plausible resulta imaginarlo en Downing Street, más se le exige aquello que importaba menos cuando dirigía una insurgencia: disciplina, transparencia, experiencia y equipos capaces de gobernar.
Por eso Channel 4 ha golpeado en el peor momento. Birmingham debía demostrar que Reform se había convertido en un gobierno a la espera. En cambio, ha mostrado sus dos caras: una organización suficientemente poderosa para que las embajadas europeas quieran conocerla y todavía suficientemente amateur como para perder a dos de los hombres más importantes de su cúpula durante su gran puesta de largo. Farage conserva el momento. Lo que ya no conserva es la sensación de que su camino hacia Downing Street es inevitable.