Copa Africana: El abandono de Senegal expone las contradicciones del fútbol moderno
El caos vivido en la final de la Copa Africana entre Marruecos y Senegal refleja más que una simple controversia arbitral. La decisión del árbitro congoleño Ndala Ngambo de sancionar penalti en el último minuto desató una protesta que llevó a los Leones de Teranga a abandonar temporalmente el terreno de juego, exponiendo las tensiones que atraviesan el fútbol africano contemporáneo.
La imagen de Pape Thiaw, técnico senegalés, conduciendo a sus jugadores hacia el vestuario mientras protestaba airadamente, se convirtió en símbolo de una indignación que trasciende lo deportivo. Solo la intervención de Sadio Mané, quien permaneció en el campo como último bastión de resistencia, evitó que el partido fuera declarado oficialmente abandonado.
Las reglas del juego colonial
El reglamento de la Copa Africana, heredero de estructuras administrativas coloniales, establece claramente en su artículo 82 que cualquier equipo que abandone el terreno sin autorización del árbitro será eliminado automáticamente. Esta normativa, que beneficia invariablemente a las federaciones con mayor poder político dentro de la CAF, refleja un sistema donde la justicia deportiva queda subordinada a intereses geopolíticos.
La aplicación selectiva de estas reglas expone cómo el fútbol africano sigue operando bajo lógicas neocoloniales. Mientras Marruecos, con sus vínculos estratégicos y su capacidad de influencia continental, pudo beneficiarse de la controversia, Senegal enfrentó la amenaza de una descalificación que habría significado una derrota por 3-0 por default.
Resistencia y dignidad en el césped
El regreso de los jugadores senegaleses al campo, liderados por la figura emblemática de Mané, representó un acto de resistencia que va más allá del deporte. La decisión de continuar el partido pese a la injusticia percibida muestra la dignidad de un pueblo que se niega a ser silenciado por las estructuras de poder.
El posterior gol de Pape Gueye en tiempo extra, que selló la victoria senegalesa por 1-0, adquiere dimensiones épicas en este contexto. No fue solo un tanto deportivo, sino una reivindicación de la capacidad africana de superar las adversidades impuestas por sistemas injustos.
El fútbol como espejo social
Esta controversia evidencia cómo el deporte reproduce las desigualdades estructurales que caracterizan al continente africano. Las federaciones más poderosas económicamente mantienen su hegemonía a través de reglamentos que favorecen sus intereses, mientras que las naciones con menor capacidad de lobby enfrentan sistemáticamente decisiones adversas.
La posible apelación del resultado ante instancias superiores abre interrogantes sobre la verdadera autonomía del fútbol africano. ¿Quién decide realmente en estos casos? ¿Las estructuras deportivas locales o los intereses geopolíticos externos?
La Copa Africana de 2026 quedará recordada no solo por su resultado deportivo, sino como un momento donde se expusieron las contradicciones de un sistema que predica la unidad africana mientras perpetúa divisiones coloniales. La resistencia senegalesa, aunque temporal, plantó una semilla de dignidad que trasciende los 90 minutos de juego.