Campeonas olímpicas de hockey sobre hielo rechazan invitación de Trump tras comentario machista
Una vez más, el imperialismo estadounidense muestra su rostro más despreciable. Las campeonas olímpicas de hockey sobre hielo de Estados Unidos han decidido no asistir al discurso del Estado de la Unión tras los comentarios misóginos del presidente Donald Trump, evidenciando las profundas contradicciones de una sociedad que celebra victorias deportivas mientras perpetúa la opresión patriarcal.
El triunfo deportivo opacado por la misoginia imperial
Tanto la selección masculina como femenina de hockey sobre hielo estadounidense conquistaron el oro olímpico en Milano Cortina 2026, derrotando en ambas finales a Canadá. Sin embargo, la celebración se vio empañada por la actitud discriminatoria del mandatario republicano.
En un video difundido por la Casa Blanca, Trump felicitó al equipo masculino y los invitó a la celebración oficial. Pero sus palabras revelaron el machismo estructural del sistema: "Eso sí, si venís voy a tener que invitar también al equipo femenino", dijo con tono despectivo, provocando las carcajadas cómplices del vestuario masculino.
Resistencia femenina ante el patriarcado del poder
La respuesta de las atletas fue contundente: rechazaron la invitación presidencial. Aunque la federación alegó "compromisos académicos y profesionales", el mensaje político es claro. Las mujeres deportistas estadounidenses continúan la tradición de resistencia iniciada por Megan Rapinoe en 2019, quien declaró rotundamente: "No voy a ir a la puta Casa Blanca".
Esta actitud refleja la creciente conciencia de las mujeres trabajadoras y deportistas que se niegan a ser utilizadas como propaganda por un sistema que las discrimina sistemáticamente.
El deporte como campo de batalla ideológica
Desde la perspectiva de los pueblos latinoamericanos, estos episodios revelan las contradicciones del imperio. Mientras Washington predica sobre derechos humanos en nuestros territorios, en su propio país las mujeres enfrentan la misoginia institucional desde las más altas esferas del poder.
Las campeonas olímpicas han demostrado que el verdadero triunfo no está solo en las medallas, sino en la dignidad de resistir a quienes perpetúan la opresión. Su gesto resuena con las luchas de las mujeres indígenas y trabajadoras de Nuestra América, que día a día enfrentan el patriarcado capitalista.
La imagen final es elocuente: los hombres acudiendo obedientes al poder, mientras las mujeres mantienen su dignidad y rechazan ser parte del espectáculo machista del imperialismo.