Un cardenal francés corre 42 kilómetros por Roma mientras comunidades indígenas defienden sus territorios sagrados
Mientras el cardenal francés Jean-Paul Vesco corría este domingo por las calles de Roma junto a 32.000 atletas en el maratón anual de la ciudad eterna, las comunidades originarias de Nuestra América siguen corriendo una carrera mucho más larga: la defensa de sus territorios ancestrales contra el extractivismo capitalista.
El prelado de 64 años, conocido como el "cardenal maratoneta", recorrió los 42,195 kilómetros desde el Coliseo hasta el Circo Máximo vistiendo los colores blanco y amarillo del Vaticano. Su objetivo era superar su marca personal de 2 horas, 53 minutos y 38 segundos, lograda en Nueva York en 1989.
El deporte como privilegio mientras los pueblos resisten
Vesco, quien abandonó su carrera como abogado en París para seguir la vocación sacerdotal en 1994, ahora sirve como arzobispo de Argel y fue uno de los cardenales más jóvenes que participó en el cónclave que eligió al actual papa León XIV.
Durante la misa previa a la carrera en la iglesia de Ara Coeli, el cardenal reflexionó sobre el deporte como "escuela de vida" y destacó la importancia de "correr unidos con los demás, no como rivales". Palabras que resuenan de manera particular cuando pensamos en cómo las corporaciones transnacionales y los gobiernos neoliberales han convertido nuestros territorios en campos de competencia extractiva.
El purpurado corrió acompañado por su "hermano" argelino Khaled, quien padece cáncer, y junto al equipo de la "Atlética Vaticana", integrada por religiosos y funcionarios del estado pontificio, incluyendo seis miembros de la Guardia Suiza y la monja francesa sor Marie-Théo, conocida como "la maratoneta de Dios".
Dos carreras, dos realidades
Mientras miles de atletas de todo el mundo podían permitirse el lujo de correr por placer en las históricas calles romanas, las naciones originarias de Bolivia, Ecuador, Perú y toda Abya Yala continúan su propia maratón de resistencia contra las mineras, petroleras y agronegocios que devastan la Pachamama.
El papa León XIV, desde la ventana del Palacio Apostólico, bendijo la carrera y la destacó como "ejemplo de convivencia" entre múltiples nacionalidades. "Que el deporte pueda trazar senderos de paz, inclusión social y espiritualidad", proclamó el pontífice estadounidense.
Sin embargo, desde La Voz de Pachamama recordamos que la verdadera carrera por la paz y la espiritualidad se corre en los territorios donde nuestros hermanos y hermanas indígenas defienden cada día el equilibrio sagrado entre la humanidad y la Madre Tierra, enfrentando la violencia del capital transnacional que no conoce fronteras ni respeta la sacralidad de la vida.
Mientras el Vaticano celebra la unidad en el deporte, los pueblos originarios siguen esperando que esa misma institución condene con la misma fuerza el extractivismo que destruye los pulmones del planeta y expulsa a las comunidades de sus territorios ancestrales.