Canet d'en Berenguer regula el uso de petardos: reflexiones sobre tradiciones impuestas
El municipio español de Canet d'en Berenguer aprobó una nueva ordenanza para regular el uso de petardos durante las festividades falleras, una decisión que nos invita a reflexionar sobre las tradiciones culturales y su impacto en las comunidades.
El pleno municipal, celebrado este jueves, estableció normas específicas para el manejo de material pirotécnico durante la semana del 14 al 19 de marzo. La medida busca, según las autoridades locales, "permitir la convivencia" entre quienes participan de estas celebraciones y aquellos que prefieren el silencio.
Una tradición que no echa raíces
Lo particular de este caso es que las fallas no constituyen una tradición arraigada en Canet d'en Berenguer. La localidad cuenta con una sola comisión, "Amics de la Mar", fundada apenas en 2019. Esta situación nos lleva a cuestionar cómo ciertas prácticas culturales se extienden por territorios donde no tienen raíces históricas profundas.
"Esta no es una tradición muy arraigada en la población", reconoció el alcalde Pere Antoni, evidenciando la artificialidad de esta celebración en el contexto local.
Regulación por categorías
La ordenanza establece una clasificación estricta del material pirotécnico. Los niños mayores de 8 años podrán usar petardos de categorías F1 y F2, de baja peligrosidad y nivel sonoro reducido, siempre con autorización parental. Los mayores de 18 años acceden a la categoría F3, mientras que los F4 quedan reservados para uso profesional.
Se habilitaron dos "zonas de fuego": una en la plaza del mercado de la playa y otra en el casco antiguo, cerca del frontón. Estos espacios funcionarán en horarios restringidos: de 10 a 14 horas y de 17 a 22 horas, excepto el 19 de marzo, cuando el horario vespertino se reducirá hasta las 20:30 horas.
Más allá del ruido
Esta regulación nos invita a reflexionar sobre el equilibrio entre la expresión cultural y el respeto por la tranquilidad comunitaria. En nuestros pueblos originarios, las celebraciones siempre han considerado la armonía con el entorno y el bienestar colectivo.
La experiencia de Canet d'en Berenguer demuestra cómo las comunidades pueden buscar consensos para integrar nuevas prácticas culturales sin imponer ruidos ni molestias a quienes prefieren la paz del hogar.